En la salud de los hombres se da una profunda paradoja: a pesar de acaparar una situación de privilegio en las relaciones de poder de género y de ocupar históricamente los espacios de toma de decisiones (también en medicina), ellos viven menos años. Los hombres tienen una esperanza de vida menor y los años de vida saludable perdidos por enfermedad o muerte prematura son un 16% más que en las mujeres. ¿Por qué? Una serie de artículos publicada este jueves en The Lancet explora este asunto y conviene que no se trata solo de biología o comportamientos individuales más tóxicos. Hay raíces más profundas de esto, con determinantes estructurales, sociales y comerciales de la salud que se entrelazan. Y donde el patriarcado y los roles de género adquiridos juegan también un rol fundamental al perpetuar conductas de mala salud.. Seguir leyendo
Ellos viven menos por una mezcla de biología, roles de género y determinantes socioeconómicos. ‘The Lancet’ plantea que el descuido de la salud masculina ha sido aprovechado por la machosfera para imponer su agenda
En la salud de los hombres se da una profunda paradoja: a pesar de acaparar una situación de privilegio en las relaciones de poder de género y de ocupar históricamente los espacios de toma de decisiones (también en medicina), ellos viven menos años. Los hombres tienen una esperanza de vida menor y los años de vida saludable perdidos por enfermedad o muerte prematura son un 16% más que en las mujeres. ¿Por qué? Una serie de artículos publicada este jueves en The Lancet explora este asunto y conviene que no se trata solo de biología o comportamientos individuales más tóxicos. Hay raíces más profundas de esto, con determinantes estructurales, sociales y comerciales de la salud que se entrelazan. Y donde el patriarcado y los roles de género adquiridos juegan también un rol fundamental al perpetuar conductas de mala salud.. Los autores abren un melón controvertido al considerar que la salud masculina ha estado descuidada. Y aunque algunos expertos consultados rebaten esta idea —entre otras cosas, porque la medicina actual se ha cimentado sobre el modelo masculino durante siglos de invisibilización de la salud de las mujeres—, los firmantes insisten en que ocupar el poder y un lugar privilegiado en la sociedad no se traduce necesariamente en una mejor salud. Para empezar, porque tampoco todos los hombres tienen el mismo grado de privilegio y hay otras desventajas estructurales, como el racismo, la marginalidad o la pobreza, que también generan mala salud. Los investigadores defienden que la salud masculina no ha recibido atención suficiente en las políticas públicas y eso, además de acentuar la brecha de mortalidad, advierten, deja un vacío que está ocupando la machosfera para moldear la forma en la que se aborda el bienestar de los hombres y alinearla con sus propios intereses comerciales e ideológicos.. Más información. Los científicos piden escapar de esa lógica de “suma cero”, donde la ganancia de un colectivo implica la pérdida del otro, y subrayan que prestar atención a la salud masculina (en términos de investigación, políticas y programas) no tiene por qué hacerse a costa de la de las mujeres. “Necesitamos alianzas estratégicas para desmantelar los sistemas patriarcales y las desigualdades estructurales que perjudican la salud y el bienestar de todas las personas”, dice Sally Theobald, investigadora de la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool y autora de la serie.. La investigación acentúa una premisa: no solo hay diferencias en la salud entre mujeres y hombres; también dentro del colectivo masculino hay desigualdad. Porque no es lo mismo un individuo de buena posición socioeconómica en un país de altos recursos que un hombre en situación de marginalidad y precariedad o que no encaja en la masculinidad hegemónica (caracterizada por un dominio patriarcal de los hombres sobre las mujeres y otros hombres con menos poder o que no se ajustan a esas nociones idealizadas de hombría).. “Es necesario comprender que las masculinidades hegemónicas o ‘tóxicas’ pueden resultar perjudiciales tanto para los hombres como para las mujeres y las personas de otros géneros. Por ejemplo, al promover normas sociales que hacen más aceptable que los hombres fumen o consuman alcohol, o normas culturales que llevan a los hombres a restar importancia —o incluso ignorar— los síntomas de una enfermedad o las preocupaciones relacionadas con su salud”, apunta Theobald en una respuesta por correo electrónico. Hombres pobres, migrantes, racializados, desempleados, con antecedentes psiquiátricos, reclusos o en situación de calle son los más vulnerables dentro del colectivo masculino.. Según esta serie de artículos, entre las dolencias que contribuyen a una esperanza de vida más corta y peor salud en los hombres están las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. También infecciones (tuberculosis, covid), el consumo de drogas y el suicidio. Y las lesiones, por accidentes de tráfico o violencia interpersonal, por ejemplo.. Dicen los expertos que en la mala salud de los hombres opera una intrincada red de variables, donde privilegios y desventajas de su propio género se entrelazan con la biología, un comportamiento condicionado por el patriarcado y los determinantes sociales y comerciales de la salud. Un ejemplo: el tabaquismo, que espolea enfermedades cardiovasculares y cáncer, siempre ha sido más frecuente en hombres y, aunque ahora en países ricos la tasa de fumadores está bajando, persiste en colectivos marginales o con pocos recursos (hombres encarcelados, personas sin hogar…); se da la circunstancia, además, de que estos grupos pueden tener un acceso limitado a la atención sanitaria, lo que agrava su desventaja y aumenta los factores de riesgo cardiovasculares; pero también en este hábito nocivo influye la vertiente comercial, pues las campañas publicitarias han jugado históricamente a usar el consumo de tabaco como un signo de virilidad.. Junto a otros sistemas de poder, los roles de género, el patriarcado y los ideales de masculinidad moldean la salud de forma compleja. No solo la de las mujeres. También la de los hombres. Theobald pone más ejemplos: “Las muertes relacionadas con el alcohol afectan a tres veces más hombres que mujeres, y dos tercios de los fallecimientos asociados al consumo de drogas corresponden a hombres. Estas diferencias derivan de las normas de género que integran el tabaquismo, el consumo de alcohol, la asunción de riesgos y el desempeño de trabajos peligrosos en la propia definición de lo que significa ‘ser hombre’; a esto se suma la influencia de industrias que, durante décadas, han orientado sus estrategias de comercialización precisamente hacia dichas normas”.. Los hombres, por ejemplo, acuden menos al médico de cabecera (especialmente entre los 16 y los 60 años), probablemente, dice la serie, por las normas masculinas que valoran el estoicismo y la autosuficiencia. “Las masculinidades hegemónicas, que enfatizan la responsabilidad de los hombres como proveedores económicos, fomentan la priorización del trabajo frente a la atención sanitaria. Los hombres que dependen de contratos diarios para realizar trabajos físicamente exigentes y mal remunerados deben aparentar estar en forma, incluso cuando se encuentran enfermos, y dar prioridad al trabajo frente a la atención médica para evitar que sus familias sufran carencias de ingresos y alimentos”, abunda Theobald.. Por esas mismas normas de género, que hacen que ellos se definan también a sí mismos por su rol económico, su fuerza física o su capacidad de liderazgo, tienen más probabilidades de participar en conflictos armados. Y también de sufrir de forma desproporcionada los efectos adversos de recesiones económicas, con más problemas de salud mental, consumo de sustancias y muertes por suicidio. “Esto podría reflejar el papel central que desempeña el empleo en la construcción de las identidades masculinas”, sopesan los autores.. Por otra parte, el sector comercial también juega a manipular las normas de género. “Desde las primeras campañas publicitarias, que presentaban el consumo de tabaco como una expresión de masculinidad recia, independiente y estoica, hasta esfuerzos más recientes para reforzar la visión estereotipada de que el consumo de carne es un rasgo propio de los hombres, las masculinidades han sido manipuladas por la industria, lo que ha contribuido a las desventajas que sufren los hombres en salud”, describen los autores.. El peligro de la machosfera. Hay en esta serie de estudios también una llamada de atención: los investigadores avisan de que esta desatención que ven en la salud masculina está siendo aprovechada por la machosfera para hacer calar su visión y sus intereses sobre el bienestar de los hombres.. Sobre este entramado heterogéneo de activistas por los derechos de los hombres que supura antifeminismo, misoginia y masculinidad neoliberal, los científicos advierten de que está ganando poder e influencia al calor de las redes sociales (y de los algoritmos que premian sus contenidos). Y subrayan que todo ese movimiento puede impactar en la equidad de la salud y en la justicia de género.. Los autores recuerdan que la machosfera perpetúa la lógica del suma cero (los hombres sufren a causa de los avances de las mujeres), contribuye a la erosión de los derechos humanos y “amplifica una visión neoliberal de la salud”, en la que el bienestar se alcanza mediante superación personal y optimización de la apariencia física, sin tener en cuenta aspectos más amplios de marginación estructural. Además, dicen, este movimiento “promueve normas de masculinidad hegemónica que pueden resultar perjudiciales para la salud”, como la invulnerabilidad, la autosuficiencia extrema o la represión emocional.. En este sentido, los autores urgen a abordar el marketing de género perjudicial para la salud y regular entornos digitales para limitar daños (a través de los juegos de apuesta, por ejemplo).. La serie plantea, en todo caso, aristas controvertidas. En una respuesta a EL PAÍS, el Grupo de Trabajo sobre género, diversidad afectivo-sexual y salud de la Sociedad Española de Epidemiología muestra sus discrepancias con la serie —“plantea preguntas necesarias, pero las responde con estudios sesgados y evidencia débil”— y cuestiona una de sus tesis principales: “La medicina ha estudiado el cuerpo masculino como norma; lo que no ha estudiado es cómo el género afecta a los hombres. Decir que están ‘olvidados’ es inexacto”.. También critica que sustenten la paradoja de la salud masculina solo en la mortalidad: “Las mujeres viven más años, pero con más enfermedades crónicas, más dolor, más discapacidad y más problemas de salud mental diagnosticados ligados a los cuidados y a la violencia. Si se tuvieran en cuenta otros factores como la morbilidad, la discapacidad o la calidad de vida, donde las mujeres soportan más carga, el relato sería distinto. Los propios autores admiten que centrarse en la mortalidad ‘puede reforzar la priorización estructural de los hombres’.. Perspectiva de género para todos. Los epidemiólogos temen la malinterpretación y apropiación de estos estudios por parte de la machosfera para alentar discursos antifeministas. “La idea de una ‘paradoja’ de hombres privilegiados pero ‘olvidados’, construida sobre la mortalidad, es fácil de apropiar por esos mismos movimientos. Un titular como ‘The Lancet dice que la salud masculina está olvidada’ les sirve de argumento”. Y arrojan otra lectura más afinada: “Lo preciso sería decir que la salud de los hombres ha recibido mucha atención biomédica y poca atención desde la perspectiva de género. Ambas cosas forman parte del sesgo androcéntrico. La solución no es volverse a centrar en los hombres, sino aplicar a todas las personas la perspectiva de género”.. Gemma Parramon, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y vocal de la Sociedad Catalana de Medicina con Perspectiva de Género, teme que redirigir el foco a la salud masculina perjudique los avances en medicina con perspectiva de género: “No hay políticas sanitarias centradas en la salud de las mujeres más allá de la salud maternoinfantil. La medicina, cuando se ha centrado en la mujer, es para priorizar la reproducción, para asegurar la supervivencia de la especie, no para mejorar su salud. Tenemos que hacer bien las cosas con todos, pero sin desatender al grupo más afectado por esta medicina androcéntrica y patriarcal”.. También Isabel Aguilar, profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Zaragoza, discrepa con la idea de que la salud masculina haya estado invisibilizada, pero defiende que “la incorporación de la perspectiva de género en la investigación beneficia tanto a hombres como a mujeres, al permitir identificar aquellos factores derivados de la construcción social del género que se asocian a peores resultados en salud”, anota al portal SMC.. Ahí los epidemiólogos coinciden, aunque ven en la serie falta de concreción en las propuestas: “La igualdad de género también es una política de salud para los hombres. Lo que no hay todavía es evidencia de qué intervenciones son las que funcionan. El feminismo no es el problema, sino que es parte de la solución: cuestionar los patrones de género libera también a los hombres de cargas que los enferman”.
