Soy catalán y, con franqueza, estoy harto ya de que me consideren anormal. En las últimas décadas los políticos no han hecho otra cosa que, para sus intereses propios, decir repetidamente que los catalanes teníamos que normalizarnos. Primero, fue la normalización lingüística, un proyecto de los regionalistas que venía a decir que si tenías el capricho de no usar el catalán eras un anormal. Luego vino Pedro Sánchez a ampliar el perímetro para decir que ya todos los catalanes éramos anormales y que se necesitaban unos indultos a unos aliados suyos delincuentes para que dejáramos de serlo. Vuelve a hacerlo. Uno pensaba que, con tanta iniciativa sorprendente pero importantísima, los catalanes ya estaríamos normalizados. Pues no. Al cabo de un tiempo, se seguía asegurando que continuábamos siendo anormales y que para normalizarnos se necesitaba una amnistía que, fíjense que curioso, afectaba solo a una parte minoritaria de los catalanes, aquella que precisamente tenía unos votos imprescindibles al presidente para mantenerse en el poder. Últimamente, esos mismos compañeros de viaje han pedido una financiación específica especialmente ventajosa para sus propios impuestos y, para justificar esa desigualdad, adivinen a qué argumento ha recurrido el presidente del gobierno. Efectivamente: una nueva normalización necesaria. Por lo visto, a los catalanes hay que estar siempre normalizándonos, lo cual es muy vejatorio, porque supondría admitir que somos unos anormales eternos e infinitos. Lo engorroso es que palabras como anormal, subnormal, deficiente, incapaz, discapacitado, han visto cambiar su campo semántico en los últimos tiempos y han sido consideradas en muchos casos prácticamente como insultos. Yo le pediría al presidente del gobierno que dejara de insultarnos cada vez llamándonos implícitamente anormales. Si desea pensar que somos anormales o retrasados mentales, es muy libre de hacerlo, mientras sea una opinión suya y no la haga pública. Pero que insista en manifestar que él debe normalizarse menos que nosotros me parece muy feo.
Que insista en manifestar que él debe normalizarse menos que nosotros me parece muy feo
Soy catalán y, con franqueza, estoy harto ya de que me consideren anormal. En las últimas décadas los políticos no han hecho otra cosa que, para sus intereses propios, decir repetidamente que los catalanes teníamos que normalizarnos. Primero, fue la normalización lingüística, un proyecto de los regionalistas que venía a decir que si tenías el capricho de no usar el catalán eras un anormal. Luego vino Pedro Sánchez a ampliar el perímetro para decir que ya todos los catalanes éramos anormales y que se necesitaban unos indultos a unos aliados suyos delincuentes para que dejáramos de serlo. Vuelve a hacerlo.Uno pensaba que, con tanta iniciativa sorprendente pero importantísima, los catalanes ya estaríamos normalizados. Pues no. Al cabo de un tiempo, se seguía asegurando que continuábamos siendo anormales y que para normalizarnos se necesitaba una amnistía que, fíjense que curioso, afectaba solo a una parte minoritaria de los catalanes, aquella que precisamente tenía unos votos imprescindibles al presidente para mantenerse en el poder.Últimamente, esos mismos compañeros de viaje han pedido una financiación específica especialmente ventajosa para sus propios impuestos y, para justificar esa desigualdad, adivinen a qué argumento ha recurrido el presidente del gobierno. Efectivamente: una nueva normalización necesaria. Por lo visto, a los catalanes hay que estar siempre normalizándonos, lo cual es muy vejatorio, porque supondría admitir que somos unos anormales eternos e infinitos.Lo engorroso es que palabras como anormal, subnormal, deficiente, incapaz, discapacitado, han visto cambiar su campo semántico en los últimos tiempos y han sido consideradas en muchos casos prácticamente como insultos. Yo le pediría al presidente del gobierno que dejara de insultarnos cada vez llamándonos implícitamente anormales. Si desea pensar que somos anormales o retrasados mentales, es muy libre de hacerlo, mientras sea una opinión suya y no la haga pública. Pero que insista en manifestar que él debe normalizarse menos que nosotros me parece muy feo.
