Ante la nueva tragedia del AVE, el Gobierno «progresista» y sus secuaces recurrieron a la habitual estrategia de la confusión.. Se apresuraron a filtrar el contenido de un audio con la obvia intención de culpar a un controlador de Atocha. Fue tan descarada la maniobra que hasta distinguidos periodistas gubernamentales se preguntaron si realmente era posible colar el bulo de que la seguridad de los trenes españoles está en manos de un solo individuo. Este es un cambio relevante: solo los elementos más serviles de la prensa del régimen lo secundan hoy sin reparos.. También confundieron quienes se lanzaron, una vez más, a alegar seriamente que la culpa de todo es de la privatización. Gracias a Dios, fueron crecientes también en este caso las voces que advirtieron de que los problemas no se originan en los trenes sino en la infraestructura y el mantenimiento, que corresponden a Adif, empresa pública y monopolio público por los cuatro costados.. Y en cuanto a la «excusa» de que con la privatización aumentó el tráfico y por tanto el desgaste de dicha infraestructura, y de que ahí radica la causa de los accidentes, es una broma macabra. Ese mayor tráfico debido a la privatización era totalmente previsible, y es el primer motivo por el cual el mantenimiento debió verse reforzado.. Entonces viene la siguiente confusión: falta dinero. Y todo se resolvería aumentando el gasto público. Como suelo decir: no hay problema, real o imaginario, que un burócrata o un político no sostengan que pueden arreglar quitándole más dinero a la gente. Los confundidores complementaron su ridículo adjudicando las culpas al «neoliberalismo», porque los Gobiernos llevan supuestamente décadas debilitando «lo público». Quienes así desbarran no se han molestado en mirar las cifras, o en charlar cinco minutos con cualquier contribuyente. En vez de eso, se enmarañan en el absurdo de que queremos menos impuestos y mejores infraestructuras, lo que, afirman, es imposible, como si el Gobierno no hubiera aumentado sin freno el gasto en los capítulos «sociales», es decir, políticamente más rentables que mantener las vías del tren.. Por fin, condenaron el liberalismo con el argumento de que la gente recurre al Estado –refuté hace años esa falacia en LA RAZÓN: «Estado y lealtad», aquí: https://bit.ly/3WeuXq3. Y, hablando de años, se cubrieron de gloria descubriendo que hay empresarios intervencionistas, lo que Adam Smith denunció en 1776.
Ese mayor tráfico debido a la privatización era totalmente previsible, y es el primer motivo por el cual el mantenimiento debió verse reforzado
Ante la nueva tragedia del AVE, el Gobierno «progresista» y sus secuaces recurrieron a la habitual estrategia de la confusión.. Se apresuraron a filtrar el contenido de un audio con la obvia intención de culpar a un controlador de Atocha. Fue tan descarada la maniobra que hasta distinguidos periodistas gubernamentales se preguntaron si realmente era posible colar el bulo de que la seguridad de los trenes españoles está en manos de un solo individuo. Este es un cambio relevante: solo los elementos más serviles de la prensa del régimen lo secundan hoy sin reparos.. También confundieron quienes se lanzaron, una vez más, a alegar seriamente que la culpa de todo es de la privatización. Gracias a Dios, fueron crecientes también en este caso las voces que advirtieron de que los problemas no se originan en los trenes sino en la infraestructura y el mantenimiento, que corresponden a Adif, empresa pública y monopolio público por los cuatro costados.. Y en cuanto a la «excusa» de que con la privatización aumentó el tráfico y por tanto el desgaste de dicha infraestructura, y de que ahí radica la causa de los accidentes, es una broma macabra. Ese mayor tráfico debido a la privatización era totalmente previsible, y es el primer motivo por el cual el mantenimiento debió verse reforzado.. Entonces viene la siguiente confusión: falta dinero. Y todo se resolvería aumentando el gasto público. Como suelo decir: no hay problema, real o imaginario, que un burócrata o un político no sostengan que pueden arreglar quitándole más dinero a la gente. Los confundidores complementaron su ridículo adjudicando las culpas al «neoliberalismo», porque los Gobiernos llevan supuestamente décadas debilitando «lo público». Quienes así desbarran no se han molestado en mirar las cifras, o en charlar cinco minutos con cualquier contribuyente. En vez de eso, se enmarañan en el absurdo de que queremos menos impuestos y mejores infraestructuras, lo que, afirman, es imposible, como si el Gobierno no hubiera aumentado sin freno el gasto en los capítulos «sociales», es decir, políticamente más rentables que mantener las vías del tren.. Por fin, condenaron el liberalismo con el argumento de que la gente recurre al Estado –refuté hace años esa falacia en LA RAZÓN: «Estado y lealtad», aquí: https://bit.ly/3WeuXq3. Y, hablando de años, se cubrieron de gloria descubriendo que hay empresarios intervencionistas, lo que Adam Smith denunció en 1776.
