«Al alba y con viento duro de levante», no pocos recordarán la famosa frase de Federico Trillo, ministro de Defensa del gobierno de Aznar en 2002 durante su comparecencia parlamentaria tras la operación militar en el islote Perejil, ya saben, la contundente respuesta a una ocupación marroquí que iba mucho más allá de la simple disputa territorial sobre una roca habitada por cabras. El gobierno de España se plantó exitosamente ante el envite del régimen alauita (los órdagos han llegado más tarde) y lo hizo, entre otras cosas, gracias a un doble colchón que ahora no tenemos y que no es otro que el respeto del vecino del sur hacia un estado sólido y con todos los apoyos dentro de la Unión Europea, pero sobre todo nuestra condición por entonces de socio preferente con los Estados Unidos, cosa de la que hoy adolecemos, bien se trate de un Perejil o directamente de un asalto masivo a Ceuta coadyuvado incluso por la presencia militar marítima de Marruecos en nuestras aguas.. Ayer el líder del Partido Popular y candidato a La Moncloa, Alberto Núñez Feijóo, dejaba en este periódico más que claras las distancias que marcará su gobierno –si suma para ello tras el «29-N»– respecto al de Pedro Sánchez en una relación con Marruecos hoy marcada por síntomas de auténtica sumisión al régimen de Mohamed VI y lo hacía sabedor de la inmensa dificultad que va a suponer esta tarea para nuestra diplomacia si hablamos de recuperar el respeto y, en cierto modo, bien entendido el temor del siempre complicado vecino magrebí, tarea que no podrá desligarse en paralelo de la disuasión en términos de seguridad y de la recomposición de relaciones con los Estados Unidos. El miura que aguarda a Núñez Feijóo es el mismo que ya tuvieron que torear con distinta suerte todos los presidentes del Gobierno de nuestra democracia y que no es otro que la obstinación de Marruecos (que tiene todo el tiempo del mundo y carece de las prisas partidistas en democracias occidentales) por pulsar la reacción del Estado español ante una alteración unilateral de las líneas territoriales. La ocupación de Perejil se ajustaba perfectamente a esa lógica; era un islote vinculado a Ceuta y la invasión de este verano también, aunque con distintos métodos. Con Marruecos, Feijóo tendrá que devolver mucha crema al tubo dental.
El miura que aguarda a Núñez Feijóo es el mismo que ya tuvieron que torear con distinta suerte todos los presidentes del Gobierno de nuestra democracia y que no es otro que la obstinación de Marruecos
«Al alba y con viento duro de levante», no pocos recordarán la famosa frase de Federico Trillo, ministro de Defensa del gobierno de Aznar en 2002 durante su comparecencia parlamentaria tras la operación militar en el islote Perejil, ya saben, la contundente respuesta a una ocupación marroquí que iba mucho más allá de la simple disputa territorial sobre una roca habitada por cabras. El gobierno de España se plantó exitosamente ante el envite del régimen alauita (los órdagos han llegado más tarde) y lo hizo, entre otras cosas, gracias a un doble colchón que ahora no tenemos y que no es otro que el respeto del vecino del sur hacia un estado sólido y con todos los apoyos dentro de la Unión Europea, pero sobre todo nuestra condición por entonces de socio preferente con los Estados Unidos, cosa de la que hoy adolecemos, bien se trate de un Perejil o directamente de un asalto masivo a Ceuta coadyuvado incluso por la presencia militar marítima de Marruecos en nuestras aguas.. Ayer el líder del Partido Popular y candidato a La Moncloa, Alberto Núñez Feijóo, dejaba en este periódico más que claras las distancias que marcará su gobierno –si suma para ello tras el «29-N»– respecto al de Pedro Sánchez en una relación con Marruecos hoy marcada por síntomas de auténtica sumisión al régimen de Mohamed VI y lo hacía sabedor de la inmensa dificultad que va a suponer esta tarea para nuestra diplomacia si hablamos de recuperar el respeto y, en cierto modo, bien entendido el temor del siempre complicado vecino magrebí, tarea que no podrá desligarse en paralelo de la disuasión en términos de seguridad y de la recomposición de relaciones con los Estados Unidos. El miura que aguarda a Núñez Feijóo es el mismo que ya tuvieron que torear con distinta suerte todos los presidentes del Gobierno de nuestra democracia y que no es otro que la obstinación de Marruecos (que tiene todo el tiempo del mundo y carece de las prisas partidistas en democracias occidentales) por pulsar la reacción del Estado español ante una alteración unilateral de las líneas territoriales. La ocupación de Perejil se ajustaba perfectamente a esa lógica; era un islote vinculado a Ceuta y la invasión de este verano también, aunque con distintos métodos. Con Marruecos, Feijóo tendrá que devolver mucha crema al tubo dental.
