En las ciudades falta vivienda, ergo es demasiado cara. En la España vacía sobra, luego es barata en exceso. Y, como con tantos problemas estructurales, los poderosos aplican recetas que han demostrado que producen el efecto contrario al necesitado. En vez de mejorar la situación, la empeoran peligrosamente. Sus «soluciones» mostrencas se pueden comparar con una persona a la que le doliese mucho la cabeza: «Voy a golpearme contra la pared, a ver si acabo con el dolor», se dice a sí misma. Después de darse grandes cabezazos contra un muro, obviamente el dolor aumenta. Sin embargo, esa persona decide que eso es porque no se ha golpeado lo bastante fuerte, así que vuelve a arremeter hasta que se revienta el cráneo. Tal hacen las autoridades «competentes» con la vivienda. Lo lógico sería que Sánchez y sus 1.300 asesores conocieran los principios económicos más básicos. Cualquiera sabe que, si la demanda de vivienda aumenta de manera rápida y masiva en pocos años, porque al país llegan millones de residentes nuevos, y no va acompañada de un incremento proporcional de suelo y oferta residencial…, el problema se agrava. La vivienda se convierte en un juego de las sillas y la lucha por los recursos disponibles es encarnecida y darwiniana. También es evidente que, si el Estado obliga a los pequeños propietarios a sufragar el «coste social» de la vivienda, siendo la inmensa mayoría familias con necesidades, pequeños ahorradores, mayores que quieren complementar su pensión con una mínima renta…, lo normal es que la oferta disminuya, porque nadie puede soportar años de litigios, pagándole los gastos al okupa instalado gratis. Un propietario corriente que alquila su casa no es un buitre, buitre es el que okupa. ¿Y quién no prefiere preservar su casa antes que verse sometido a la inseguridad y el maltrato de una Administración que legaliza de facto la okupación y trata al propietario como ave de rapiña? La «gente de a pie», como dice Sánchez, son modestos propietarios. Justo esos que no viajan en Falcon ni viven en un palacio, como él.
La «gente de a pie», como dice Sánchez, son modestos propietarios. Justo esos que no viajan en Falcon ni viven en un palacio, como él
En las ciudades falta vivienda, ergo es demasiado cara. En la España vacía sobra, luego es barata en exceso. Y, como con tantos problemas estructurales, los poderosos aplican recetas que han demostrado que producen el efecto contrario al necesitado. En vez de mejorar la situación, la empeoran peligrosamente. Sus «soluciones» mostrencas se pueden comparar con una persona a la que le doliese mucho la cabeza: «Voy a golpearme contra la pared, a ver si acabo con el dolor», se dice a sí misma. Después de darse grandes cabezazos contra un muro, obviamente el dolor aumenta. Sin embargo, esa persona decide que eso es porque no se ha golpeado lo bastante fuerte, así que vuelve a arremeter hasta que se revienta el cráneo. Tal hacen las autoridades «competentes» con la vivienda. Lo lógico sería que Sánchez y sus 1.300 asesores conocieran los principios económicos más básicos. Cualquiera sabe que, si la demanda de vivienda aumenta de manera rápida y masiva en pocos años, porque al país llegan millones de residentes nuevos, y no va acompañada de un incremento proporcional de suelo y oferta residencial…, el problema se agrava. La vivienda se convierte en un juego de las sillas y la lucha por los recursos disponibles es encarnecida y darwiniana. También es evidente que, si el Estado obliga a los pequeños propietarios a sufragar el «coste social» de la vivienda, siendo la inmensa mayoría familias con necesidades, pequeños ahorradores, mayores que quieren complementar su pensión con una mínima renta…, lo normal es que la oferta disminuya, porque nadie puede soportar años de litigios, pagándole los gastos al okupa instalado gratis. Un propietario corriente que alquila su casa no es un buitre, buitre es el que okupa. ¿Y quién no prefiere preservar su casa antes que verse sometido a la inseguridad y el maltrato de una Administración que legaliza de facto la okupación y trata al propietario como ave de rapiña? La «gente de a pie», como dice Sánchez, son modestos propietarios. Justo esos que no viajan en Falcon ni viven en un palacio, como él.
