Jakob Ingebrigtsen es el rey. Lleva un año sin competir, después de pelear con una lesión. Anunció que su reaparición iba a ser en los Campeonatos de Europa de Birmingham, y entonces todo el mundo se pone a temblar. Con él en pista, todo cambia. La duda: ¿cómo se encontraba? La respuesta llegó poco más de trece minutos después: el rey, reina.. Si había alguna duda es porque el año pasado, en el Mundial de Tokio, demostró que es humano. Participó con una preparación paupérrima, hizo lo que le permitió su pie. Se quedó fuera en las series de 1.500 y acabó décimo en el 5.000. Era septiembre de 2025. Todavía intentó aguantar un poco más, pero estaba claro que la solución tenía que ser una operación del tendón de Aquiles izquierdo. Se la realizó a principios de febrero, en Palo Alto (California). El tiempo justo para el Europeo de Birmingham, el gran objetivo, al que llegó sin dar pistas en una carrera previa, pero con la confianza de siempre.. Por delante, doce vueltas y media. El público mostró su entusiasmo cuando lo presentaron. El noruego se colocó casi al final de los 23 participantes durante las primeras vueltas. Se iba rápido y había distancia con la cabeza, pero no perdió la calma. De cerca lo vigilaba el francés Gressier, y por delante mandaba el suizo Lobalu, que tenía la mejor marca del año.. Gressier se cansó de ser la sombra de Ingebrigtsen. Seguro que pensó: ¿realmente está mal? Porque el nórdico seguía atrás sin inmutarse. Entonces, el francés tiró para adelante, ya inquieto por la situación, pues se había superado la mitad de la prueba. Jakob todavía esperó para mostrar definitivamente sus cartas. Fue metiendo una marchita tras otra, superando posiciones aunque tuviera que hacer algún metro de más. Quedaban tres vueltas y llegó a la cabeza.. A su lado, de nuevo, Gressier. La batalla se repetía, pero esta vez en la zona delantera. Ingebrigtsen miró el marcador de tiempo y el galo le pasó. También Lobalu, mientras en el grupo se producían los primeros tropezones. Faltaban 600 metros y Gressier miró para atrás. Ingebrigtsen le echaba el aliento, pero parecía encerrado. Calma. Sonó la campana y Lobalu ya cedía terreno. El noruego seguía al acecho del otro favorito, mientras el alemán Florian Bremm apretaba, parecía sobrado y con fuerzas para el último arreón. La carrera ya no tenía freno. Se llegó a la última recta, y a falta de cincuenta metros, Ingebrigtsen encontró el camino para salir, se abrió, cambió el paso como si no costara y entró en solitario en la meta con la suficiencia habitual. «Adiós lesión», pareció decir. Definitivamente, el ogro está de vuelta. Es su cuarto título de Europa de 5.000 consecutivo.. Gressier se hundió hasta el cuarto lugar. El bronce se lo llevó su compatriota Etienne Daguinos, mientras Bremm se colgó una plata muy merecida.
El noruego se impuso en una carrera espectacular. Es su cuarto título europeo consecutivo en 5.000
Jakob Ingebrigtsen es el rey. Lleva un año sin competir, después de pelear con una lesión. Anunció que su reaparición iba a ser en los Campeonatos de Europa de Birmingham, y entonces todo el mundo se pone a temblar. Con él en pista, todo cambia. La duda: ¿cómo se encontraba? La respuesta llegó poco más de trece minutos después: el rey, reina.. Si había alguna duda es porque el año pasado, en el Mundial de Tokio, demostró que es humano. Participó con una preparación paupérrima, hizo lo que le permitió su pie. Se quedó fuera en las series de 1.500 y acabó décimo en el 5.000. Era septiembre de 2025. Todavía intentó aguantar un poco más, pero estaba claro que la solución tenía que ser una operación del tendón de Aquiles izquierdo. Se la realizó a principios de febrero, en Palo Alto (California). El tiempo justo para el Europeo de Birmingham, el gran objetivo, al que llegó sin dar pistas en una carrera previa, pero con la confianza de siempre.. Por delante, doce vueltas y media. El público mostró su entusiasmo cuando lo presentaron. El noruego se colocó casi al final de los 23 participantes durante las primeras vueltas. Se iba rápido y había distancia con la cabeza, pero no perdió la calma. De cerca lo vigilaba el francés Gressier, y por delante mandaba el suizo Lobalu, que tenía la mejor marca del año.. Gressier se cansó de ser la sombra de Ingebrigtsen. Seguro que pensó: ¿realmente está mal? Porque el nórdico seguía atrás sin inmutarse. Entonces, el francés tiró para adelante, ya inquieto por la situación, pues se había superado la mitad de la prueba. Jakob todavía esperó para mostrar definitivamente sus cartas. Fue metiendo una marchita tras otra, superando posiciones aunque tuviera que hacer algún metro de más. Quedaban tres vueltas y llegó a la cabeza.. A su lado, de nuevo, Gressier. La batalla se repetía, pero esta vez en la zona delantera. Ingebrigtsen miró el marcador de tiempo y el galo le pasó. También Lobalu, mientras en el grupo se producían los primeros tropezones. Faltaban 600 metros y Gressier miró para atrás. Ingebrigtsen le echaba el aliento, pero parecía encerrado. Calma. Sonó la campana y Lobalu ya cedía terreno. El noruego seguía al acecho del otro favorito, mientras el alemán Florian Bremm apretaba, parecía sobrado y con fuerzas para el último arreón. La carrera ya no tenía freno. Se llegó a la última recta, y a falta de cincuenta metros, Ingebrigtsen encontró el camino para salir, se abrió, cambió el paso como si no costara y entró en solitario en la meta con la suficiencia habitual. «Adiós lesión», pareció decir. Definitivamente, el ogro está de vuelta. Es su cuarto título de Europa de 5.000 consecutivo.. Gressier se hundió hasta el cuarto lugar. El bronce se lo llevó su compatriota Etienne Daguinos, mientras Bremm se colgó una plata muy merecida.
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