Irán incrementa los ataques contra el país árabe, que alberga 4.000 militares estadounidenses, y da pie a una inusual crítica hacia la sólida alianza de seguridad con Washington
El pasado 20 de julio, las sirenas antiaéreas sonaron por sorpresa en Amán, la capital de Jordania. Irán había lanzado cuatro misiles, que fueron interceptados o cayeron en zonas vacías, según el ejército. Es uno de los últimos ejemplos de cómo el país se ha convertido, a su pesar y junto con Kuwait, en el principal objetivo de los misiles y drones de Teherán en estas últimas semanas de montaña rusa (mezcla de ataques, amenazas y diálogo) a la que anda subido Oriente Próximo. La situación ha abierto un inhabitual debate sobre el precio que paga Jordania por su estrecha alianza de seguridad con EE UU y ha generado la paradoja de que sufre los ataques que, desde junio, no recibe Israel, que promovió e inició la guerra el pasado febrero, mano a mano con Washington, y desde donde salen aviones de EE UU para bombardear Irán. Teherán ha disparado al menos 60 misiles y drones contra Jordania desde el 8 de julio, cuando se enzarzó con Washington en nuevas escaramuzas, pese a haber sellado un alto el fuego un mes antes. Son, proporcionalmente, bastantes más que los 125 ataques de los tres meses previos.Irán dirige sus proyectiles principalmente contra las bases, que albergan a 4.000 militares estadounidenses, y ningún jordano ha muerto por ellos durante la guerra. Pero el llamado “paraguas de seguridad” de Washington (que data de los años cincuenta del siglo pasado) ha traído, como efecto indeseado, sirenas antiaéreas y cancelaciones puntuales de vuelos. Algo nada anecdótico en un reino que busca presentarse como un oasis de estabilidad en una región convulsa y obtiene del turismo un 18% de sus ingresos.Perímetro de la base aérea de Mwaffaq Salti, en Azraq (Jordania), el pasado día 25.Salah Malkawi (Getty Images)Thomas Juneau, investigador asociado del Programa de Oriente Próximo y Norte de África del famoso think tank Chatham House y profesor en la Universidad de Ottawa, insiste en que la “extrema vulnerabilidad” de Jordania le deja “muy pocas opciones para proteger su seguridad, tanto interna como externamente”. “Aunque algunos la han criticado en el país, toda la estructura de seguridad de Jordania se basa en su estrecha relación con EE UU. Tomó la decisión hace tiempo y siempre ha dejado claro que los beneficios superan los riesgos”, asegura a este periódico por teléfono.Washington es, de largo, el principal aliado de Jordania y le proporcionó el año pasado 1.650 millones de dólares (1.434 millones de euros) en ayuda económica y militar. Más de los 1.450 millones comprometidos para siete años en el Memorando de Entendimiento en 2022. Un año antes, y sin trámite parlamentario, firmaron un acuerdo de cooperación defensiva. Consciente de las críticas, el ministro de Exteriores, Ayman Safadi, ha insistido en que Jordania no alberga bases estadounidenses, como sí hacen otros países, sino que son bases jordanas con tropas estadounidenses. Juneau distingue dos cosas compatibles. Una es el ?
El pasado 20 de julio, las sirenas antiaéreas sonaron por sorpresa en Amán, la capital de Jordania. Irán había lanzado cuatro misiles, que fueron interceptados o cayeron en zonas vacías, según el ejército. Es uno de los últimos ejemplos de cómo el país se ha convertido, a su pesar y junto con Kuwait, en el principal objetivo de los misiles y drones de Teherán en estas últimas semanas de montaña rusa (mezcla de ataques, amenazas y diálogo) a la que anda subido Oriente Próximo. La situación ha abierto un inhabitual debate sobre el precio que paga Jordania por su estrecha alianza de seguridad con EE UU y ha generado la paradoja de que sufre los ataques que, desde junio, no recibe Israel, que promovió e inició la guerra el pasado febrero, mano a mano con Washington, y desde donde salen aviones de EE UU para bombardear Irán. Seguir leyendo
