El mandatario toma la iniciativa y marca el ritmo de la política británica durante sus dos primeras semanas en el poder
Prácticamente un anuncio por día y un dominio del lenguaje de las redes que hasta ahora parecía inaccesible para sus predecesores en el cargo. Esas son las señas de identidad del nuevo Gobierno de Andy Burnham en el Reino Unido, que ha logrado reanimar al Partido Laborista en las encuestas e imbuir una energía renovada, casi frenética, en tan solo dos semanas en el poder.. Burnham demuestra haber aprendido de los desaciertos de su antecesor. Frente al discurso lúgubre de Keir Starmer al arrancar su mandato y el vacío de medidas que siguió a su toma de posesión, su recambio mantiene la jovialidad como rasgo distintivo y ha asumido el control de la iniciativa política, para asegurarse de ser quien marca el ritmo del debate. Aunque la verdadera prueba de fuego llegará cuando tenga que concretar a qué se refiere al prometer “los mayores cambios en 40 años”, el exalcalde de Mánchester, de 56 años, ha logrado inspirar un sentido de anticipación colectiva, fundamentado en la tesis de que el sistema ha fracasado estructuralmente y que es necesario un nuevo modelo.. De momento, el efecto Burnham da resultados. Los laboristas han pasado de mínimos históricos en los sondeos a ponerse al frente. Aunque su estimación de voto ronda, de media, un todavía relativamente modesto 23% (Starmer había logrado un 35% en las generales), el vuelco es significativo, tras un año en el que la formación llegó a ser relegada como tercera fuerza, tras Reform UK, el partido del ultra Nigel Farage, y los Verdes.. La semana pasada, el laborismo volvió a quedarse con la alcaldía de Mánchester en los comicios convocados tras la mudanza de Burnham a Westminster, con un 47% de apoyo. Es más del doble de los votos que obtuvo en la debacle de las elecciones municipales de mayo pasado, el catalizador de la precipitada salida de Starmer del poder.. La recuperación en las encuestas es el punto de partida, pero el reto es sostenerla cuando la delicada transición de los discursos de campaña al acto de gobernar obligue a adoptar decisiones difíciles. El primer ministro ha experimentado esta semana su primer golpe de realidad: tras prometer revisar la liberación temprana de miles de presos este otoño, anunciada hace meses ante la saturación del sistema penitenciario, tan solo ha podido vetar a condenados por violación, trata con fines de explotación sexual y pederastia grave, lo que mantiene la salida de personas sentenciadas por homicidio o violencia machista.. “La verdad es que quería ir más allá”, se lamentó el primer ministro. “Tras forzar hasta el límite”, dijo, no ha podido hacer más “sin arriesgar el colapso del sistema de prisiones”. Una estimación del Ministerio de Justicia había calculado previamente que, sin la salida de 6.000 presos, las cárceles de Inglaterra y Gales se quedarían sin plazas en noviembre.. También en política exterior, uno de los grandes interrogantes de su mandato, ha evidenciado que la continuidad puede resultar inevitable. Burnham ha renovado el permiso para que Estados Unidos emplee las bases británicas para los denominados ataques “defensivos” en Irán, una asistencia que, según Teherán, mantiene a las instalaciones británicas como objetivos legítimos de ataque.. Burnham, conocido en el Reino Unido como el Rey del Norte, ha tenido hasta ahora la astucia de cuidar tanto la forma como el contenido de las medidas que ha anunciado. Junto a promesas hiperbólicas de “devolver la esperanza”, ambiciosas pero etéreas, ha promovido medidas concretas y fáciles de entender para transmitir a una ciudadanía que ha visto siete primeros ministros en una década que entiende la frustración.. En su semana de debut anunció un plan para acabar con la indigencia, la eliminación del IVA en la factura de la luz, la reducción de las tarifas de autobuses o el recorte de exorbitados impuestos que complican la supervivencia de pubs y locales de ocio (conocidos como business rates, en inglés). Las medidas, aunque limitadas en impacto real (las facturas de la luz apenas descenderán el equivalente a 50 euros anuales por hogar y el billete de autobús, poco más de un euro por trayecto), se transmiten con una cadencia que refuerza la percepción de que, con el nuevo inquilino del Número 10 de Downing Street, el Gobierno quiere ayudar.. Tras ganar las elecciones en julio de 2024, en la que fue la primera victoria de los laboristas en unas generales en cerca de dos décadas, Starmer pidió a los británicos tiempo para acometer un diagnóstico detallado del Reino Unido que heredaba. Tras cuatro años como líder de la oposición, pasaron semanas sin que el primer Ejecutivo laborista en 14 años anunciase ninguna acción significativa. La primera fue retirar las ayudas a la calefacción de los pensionistas, una decisión que el propio Starmer acabaría lamentando públicamente y que marcó el inicio de la desafección del electorado.. El primer ministro británico, Andy Burnham, en una visita a Kent el pasado 2 de agosto.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press). En dos semanas, Burnham ha suministrado píldoras diarias para una ciudadanía asfixiada por el coste de la vida y ha avanzado intervenciones en áreas históricamente abandonadas por la política británica, como la reforma del mastodóntico sistema de bienestar, la apremiante necesidad de vivienda o la necesidad de reformular el modelo educativo en la era tecnológica. La tarea es considerable: la factura del bienestar supera los 58.000 millones de libras (unos 67.700 millones de euros) anuales, la mayor parte dedicados a prestaciones por enfermedad o discapacidad; mientras que el millón y medio de viviendas prometidas en un lustro requerirán un ritmo hasta ahora inalcanzable: en los 12 meses transcurridos hasta marzo, se construyeron apenas 204.000.. Las primeras pistas llegarán con los primeros presupuestos de su mandato, previstos el 28 de octubre, cuando tendrá que concretar cómo prevé financiar la revolución prometida. Tras tomarse sus primeras vacaciones, una decisión que no ha estado exenta de polémica, hará una “gira de escucha” por todo Reino Unido, con el propósito de maximizar su visibilidad y previsiblemente continuará apuntalando el cambio de tono, tanto con nuevos anuncios como con su diestro uso de internet. Su pericia con el lenguaje de las redes le ha granjeado comparaciones con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, 21 años más joven que él.. En sus publicaciones, aparece simplemente como Andy, en lugar de primer ministro, emplea un bollo de pan y las variadas nomenclaturas que este recibe en el país para reivindicar su apuesta por la descentralización, alegando que “lo que funciona en un lugar no tiene sentido en otro”, y en la promoción de una de sus grandes apuestas personales, el Número 10 Norte (‘Number 10 North’), la oficina del primer ministro en Mánchester para promover un mejor reequilibrio territorial, Burnham se ríe de sí mismo, fingiendo apuro tras ser descubierto consultando cómo hacer la taza de té perfecta.
Prácticamente un anuncio por día y un dominio del lenguaje de las redes que hasta ahora parecía inaccesible para sus predecesores en el cargo. Esas son las señas de identidad del nuevo Gobierno de Andy Burnham en el Reino Unido, que ha logrado reanimar al Partido Laborista en las encuestas e imbuir una energía renovada, casi frenética, en tan solo dos semanas en el poder.. Seguir leyendo
