La acertada reacción de las primeras ministras de Italia y Dinamarca ante la inmigración irregular pone de manifiesto las auténticas consecuencias internacionales del asalto marroquí a las fronteras españolas. La agresión a la soberanía nacional no es un asunto baladí que se pueda tapar con las habituales mentiras del aparato propagandístico de La Moncloa. A pesar de sus esfuerzos por crear un relato en el que nadie sabía nada y, por tanto, se quedaron sorprendidos ante la irrupción de una masa de más de 72.000 personas, la realidad es que el Gobierno socialista comunista ha hecho el ridículo y ha demostrado su incompetencia. En el caso de creernos el relato oficial marroquí, lo normal sería destituir a su gobierno, porque no ha sido capaz ni de detectar ni de impedir esa «invasión» que ha dejado como regalo alrededor de 11.000 inmigrantes ilegales en la ciudad autónoma. Entiendo que la izquierda política y mediática siga instalada en la desesperación ante la descomposición del sanchismo y su declive inexorable. Es bueno recordar que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, no forma parte de la fachosfera, sino que es una socialdemócrata seria y rigurosa. Nada que ver con el desaforado radicalismo de Sánchez y sus huestes. Es lógico que las dos defiendan Europa y sus valores comunes, algo que no hace el Gobierno de aventureros que lidera Sánchez. Mientras los ceutíes viven con preocupación las consecuencias de la «invasión», prefiere sus vacaciones de nuevo rico en La Mareta. Me pregunto por qué tenemos que pagarlas todos los españoles y la necesidad de estar casi un mes. Meloni y Frederiksen son muy duras y claras en su carta, porque recuerdan que «nadie puede negar las consecuencias negativas de la inmigración ilegal en nuestras sociedades: aumento de los índices de delincuencia, creciente presión sobre los servicios públicos y erosión de la confianza pública». A ello hay que añadir que «resulta especialmente grave cuando los inmigrantes ilegales, privados del derecho a permanecer en nuestros países, cometen delitos violentos, trafican con drogas o son responsables de violencia sexual». Es un discurso que está en las antípodas de la desastrosa política del Gobierno socialista comunista y sus aliados, pero es, sobre todo, un realismo que contrasta con la frivolidad sanchista.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
«El Gobierno socialista comunista ha hecho el ridículo y ha demostrado su incompetencia»
La acertada reacción de las primeras ministras de Italia y Dinamarca ante la inmigración irregular pone de manifiesto las auténticas consecuencias internacionales del asalto marroquí a las fronteras españolas. La agresión a la soberanía nacional no es un asunto baladí que se pueda tapar con las habituales mentiras del aparato propagandístico de La Moncloa. A pesar de sus esfuerzos por crear un relato en el que nadie sabía nada y, por tanto, se quedaron sorprendidos ante la irrupción de una masa de más de 72.000 personas, la realidad es que el Gobierno socialista comunista ha hecho el ridículo y ha demostrado su incompetencia. En el caso de creernos el relato oficial marroquí, lo normal sería destituir a su gobierno, porque no ha sido capaz ni de detectar ni de impedir esa «invasión» que ha dejado como regalo alrededor de 11.000 inmigrantes ilegales en la ciudad autónoma. Entiendo que la izquierda política y mediática siga instalada en la desesperación ante la descomposición del sanchismo y su declive inexorable. Es bueno recordar que la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, no forma parte de la fachosfera, sino que es una socialdemócrata seria y rigurosa. Nada que ver con el desaforado radicalismo de Sánchez y sus huestes. Es lógico que las dos defiendan Europa y sus valores comunes, algo que no hace el Gobierno de aventureros que lidera Sánchez. Mientras los ceutíes viven con preocupación las consecuencias de la «invasión», prefiere sus vacaciones de nuevo rico en La Mareta. Me pregunto por qué tenemos que pagarlas todos los españoles y la necesidad de estar casi un mes. Meloni y Fredriksen son muy duras y claras en su carta, porque recuerdan que «nadie puede negar las consecuencias negativas de la inmigración ilegal en nuestras sociedades: aumento de los índices de delincuencia, creciente presión sobre los servicios públicos y erosión de la confianza pública». A ello hay que añadir que «resulta especialmente grave cuando los inmigrantes ilegales, privados del derecho a permanecer en nuestros países, cometen delitos violentos, trafican con drogas o son responsables de violencia sexual». Es un discurso que está en las antípodas de la desastrosa política del Gobierno socialista comunista y sus aliados, pero es, sobre todo, un realismo que contrasta con la frivolidad sanchista.. Francisco Marhuenda. Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y de la Real Academia de Doctores de España. Académico correspondiente de la Real Academia de la Historia. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).
