Escapada veraniega de cuatro horas a Asís, tras las huellas del santo, cuando se cumplen cien años de su muerte. León XIV ha escogido un encuentro de dos mil jóvenes vinculados al carisma franciscano para ahondar en los vínculos entre tradición y modernidad de la Iglesia.
«A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades», expresó Robert Prevost ante las preguntas lanzadas por tres jóvenes, una croata y dos italianos, sobre el papel que deben tener los católicos en el mundo actual. Con este punto de partida, invitó a los presentes a ser «testigos de Cristo» más allá «de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio».
León XIV puso como ejemplo a san Francisco, que vivió con «radicalidad evangélica», que para el Papa es «lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos». Es más, animó a sus interlocutores a acercarse a los pobres y «alejados» de la fe.
En este sentido, dibujó cuál debe ser el papel que la Iglesia debe jugar en medio de un fuego cruzado de intereses y conflictos, desde una «revolucionaria unidad». «No debe ser como entre los grandes de la Tierra y los poderosos del mundo, que buscan protagonismo y se imponen sobre los demás», relató el Pontífice agustino bajo la atenta mirada de los peregrinos, entre los que se encontraban los ministros generales de las tres grandes ramas de la familia franciscana.
Tras su diálogo con los jóvenes, el Papa presidió la eucaristía en la basílica de Santa María de los Ángeles, coincidiendo con la fiesta de la Transfiguración del Señor. Precisamente, arrancó su homilía, recordando que en este lugar «comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes». «Acogieron el Evangelio sin glosa –nosotros diríamos: sin descuentos– y la vida de Jesús recomenzó en ellos».
Con este punto de partida, alentó a esta nueva generación de católicos a tomar las riendas de la Iglesia: «Queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!». Y no se quedó ahí. Concretó su llamada todavía más, para que se comprometan con «los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos hijos de Dios».
Escapada veraniega de cuatro horas a Asís, tras las huellas del santo, cuando se cumplen cien años de su muerte. León XIV ha escogido un encuentro de dos mil jóvenes vinculados al carisma franciscano para ahondar en los vínculos entre tradición y modernidad de la Iglesia.. «A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades», expresó Robert Prevost ante las preguntas lanzadas por tres jóvenes, una croata y dos italianos, sobre el papel que deben tener los católicos en el mundo actual. Con este punto de partida, invitó a los presentes a ser «testigos de Cristo» más allá «de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio».. León XIV puso como ejemplo a san Francisco, que vivió con «radicalidad evangélica», que para el Papa es «lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos». Es más, animó a sus interlocutores a acercarse a los pobres y «alejados» de la fe.. En este sentido, dibujó cuál debe ser el papel que la Iglesia debe jugar en medio de un fuego cruzado de intereses y conflictos, desde una «revolucionaria unidad». «No debe ser como entre los grandes de la Tierra y los poderosos del mundo, que buscan protagonismo y se imponen sobre los demás», relató el Pontífice agustino bajo la atenta mirada de los peregrinos, entre los que se encontraban los ministros generales de las tres grandes ramas de la familia franciscana.. Tras su diálogo con los jóvenes, el Papa presidió la eucaristía en la basílica de Santa María de los Ángeles, coincidiendo con la fiesta de la Transfiguración del Señor. Precisamente, arrancó su homilía, recordando que en este lugar «comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes». «Acogieron el Evangelio sin glosa –nosotros diríamos: sin descuentos– y la vida de Jesús recomenzó en ellos».. Con este punto de partida, alentó a esta nueva generación de católicos a tomar las riendas de la Iglesia: «Queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!». Y no se quedó ahí. Concretó su llamada todavía más, para que se comprometan con «los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos hijos de Dios».
León XIV viaja a Asís para celebrar los 800 años de la muerte de San Francisco en un encuentro con jóvenes
Escapada veraniega de cuatro horas a Asís, tras las huellas del santo, cuando se cumplen cien años de su muerte. León XIV ha escogido un encuentro de dos mil jóvenes vinculados al carisma franciscano para ahondar en los vínculos entre tradición y modernidad de la Iglesia.. «A los cristianos se les pedirá cada vez más que se conviertan en artífices de paz en el seno de sociedades tentadas a instrumentalizar la religión en la confrontación de identidades», expresó Robert Prevost ante las preguntas lanzadas por tres jóvenes, una croata y dos italianos, sobre el papel que deben tener los católicos en el mundo actual. Con este punto de partida, invitó a los presentes a ser «testigos de Cristo» más allá «de las fronteras artificiales, es decir, más allá de los miedos provocados por la desinformación y los muros del prejuicio».. León XIV puso como ejemplo a san Francisco, que vivió con «radicalidad evangélica», que para el Papa es «lo contrario del fundamentalismo: no los vuelve ciegos ni violentos, sino sensibles, atentos, siempre en el seguimiento de Jesús y, por tanto, humildes y acogiendo a todos». Es más, animó a sus interlocutores a acercarse a los pobres y «alejados» de la fe.. En este sentido, dibujó cuál debe ser el papel que la Iglesia debe jugar en medio de un fuego cruzado de intereses y conflictos, desde una «revolucionaria unidad». «No debe ser como entre los grandes de la Tierra y los poderosos del mundo, que buscan protagonismo y se imponen sobre los demás», relató el Pontífice agustino bajo la atenta mirada de los peregrinos, entre los que se encontraban los ministros generales de las tres grandes ramas de la familia franciscana.. Tras su diálogo con los jóvenes, el Papa presidió la eucaristía en la basílica de Santa María de los Ángeles, coincidiendo con la fiesta de la Transfiguración del Señor. Precisamente, arrancó su homilía, recordando que en este lugar «comenzó la transfiguración de Francisco, de Clara y de otros miles de jóvenes». «Acogieron el Evangelio sin glosa –nosotros diríamos: sin descuentos– y la vida de Jesús recomenzó en ellos».. Con este punto de partida, alentó a esta nueva generación de católicos a tomar las riendas de la Iglesia: «Queridos jóvenes, hoy Europa y el mundo entero buscan en ustedes nuevos santos: ¡tengan la audacia de creer en la palabra del Evangelio, sean muy humanos con la libertad de Jesucristo, abracen la hermana pobreza!». Y no se quedó ahí. Concretó su llamada todavía más, para que se comprometan con «los lugares marginales, donde la injusticia y la prepotencia de unos pocos niegan la dignidad y los sueños de muchos hijos de Dios».
