La pequeña localidad toledana de Urda ha llenado titulares, minutos de radio y televisión y vídeos en redes por el accidente sufrido al chocar un AVE y un Iryo en la línea de alta velocidad que une Madrid y Andalucía. Un pueblo que ha hecho gala de eso tan español como es la solidaridad y la ayuda cuando la tragedia golpea con la fuerza con la que ambos trenes impactaron en las vías manchegas.
La respuesta vecina de Urda se ha convertido en el principal soporte de ayuda de los supervivientes del accidente en un primer momento. Más de 500 habitantes de este pueblo se han movilizado enseguida para ayudar en la medida de lo posible a quienes intentaban salir por su propio pie de ese amasijo de metal en el que se habían convertido los vagones de ambos trenes.
Uno de los primeros en llegar a la zona fue Manuel Ortiz, convertido en ángel de la guarda de las personas que intentaban encontrar ayuda en mitad del campo manchego. «He llegado de los primeros y al principio me he quedado un poco atrás, pero luego he llegado más a la zona cero. He llegado, he tirado del freno de mano y me he tirado del coche casi en marcha. Me daba igual todo. He ido a por ellos», recuerda este vecino de Urda, que ha dejado atrás su aprensión para ayudar «como habría hecho cualquiera».
Manuel, que se enteró después de dejar a su hija en el colegio y mientras estaba esperando a ser atendido en el centro médico, hizo de conductor de las víctimas al acercarlas a los centros habilitados para ayudar. Y entre sus pasajeros, se queda con una escena: «Me he llevado a una chica de Cantabria, que ha sido la última que me he llevado, que llevaba el móvil de una compañera a la que no era capaz de encontrar y el padre de esa compañera estaba llamando al móvil. Ha sido muy duro. Sigo en shock. He intentado ayudar en lo que he podido, socorrer a los heridos y si alguien se ha podido salvar por mi ayuda, mejor que mejor».
Ortiz se puso al volante de un coche que hizo varios viajes hacia el pabellón de Urda, donde decenas de vecinos se agolpaban alrededor de diferentes furgonetas que llevaban mantas, hielo, agua y sillas. Dentro esperaban otros tantos voluntarios como Elisabeth, que se enteraba en el gimnasio. No dudó en dejarlo todo. Volvió a casa y se puso al servicio de los demás, repartiendo comida y bebida. «La imagen que más me llama la atención de la gente aquí en el pabellón son las miradas perdidas. Eso te llega al corazón, esa mirada perdida de no saber dónde estás. Y también supongo que es la mirada perdida del horror de lo que han visto».
Otro de los vecinos de Urda que más se volcó en la ayuda tanto a las víctimas como a los servicios de emergencia fue Miguel, dueño del bar La Piscina. Un local que habitualmente abre para dar desayunos hasta las 12 de la mañana y que ayer no cerró sus puertas en todo el día. «No ha dejado de pasar gente. De hecho, nos hemos quedado sin pan para poder hacer más bocadillos. Ha sido una locura de día».
José Manuel Pastrana, sacerdote en Consuegra, tardó pocos minutos en ponerse la camisa y el alzacuellos y coger su coche para recorrer los 13 kilómetros que le separaban de Urda. No se quedó en el pueblo, sino que fue a la zona cero. «Desde el primer momento que llegas aquí todo es dantesco, toda la situación con cuerpos fallecidos, órganos esparcidos por distintos sitios. No tengo palabras para describirlo. Era el momento de estar y escuchar a quienes necesitaban ayuda. Ha sido incluso bonito poder hablar y atender a los heridos y que me pidan que rece por todos».
Efectivos de emergencia
La ayuda ciudadana fue fundamental hasta que llegaron los servicios de emergencia, que también se movilizaron en masa hasta Urda. La UME fue ejemplo de ello, duplicando el dispositivo inicial con 200 efectivos en la zona. Su principal objetivo era la localización urgente y el rescate de personas atrapadas, así como la estabilización del entorno mediante la apertura de vías de acceso y la retirada de elementos ferroviarios de gran tonelaje.
Para las labores de búsqueda y rescate intervinieron sobre el terreno un equipo de búsqueda técnica, un equipo cinológico, una Sección de Zapadores y un equipo de aeronaves pilotadas por control remoto, fundamentales para la inspección y reconocimiento visual de zonas de difícil acceso, según reconoció el Ministerio de Defensa.
Todo fue poco para intentar paliar los efectos de una tragedia que ha afectado a más de un centenar de personas y a sus familias.
Asimismo, la dimensión de la tragedia provocó la necesidad de colaboración por parte de las instituciones hospitalarias. Las víctimas del accidente fueron atendidas durante todo el día tanto en el pabellón de Urda como en centro de mando situado en el lugar del siniestro, así como en los hospitales de Toledo, Alcázar, Ciudad Real, Albacete y Madrid, que abrió las puertas de La Paz, 12 de Octubre, Getafe, Puerta de Hierro, La Princesa, Fundación Jiménez Díaz y Hospital del Henares, Hospital del Tajo, Hospital de Fuenlabrada y el Hospital de Torrejón, donde fueron trasladados los heridos durante toda la tarde del día de ayer.
Por su parte, Cruz Roja movilizó a unas 150 personas tras el accidente. Este dispositivo se centró en dos tareas: el apoyo psicosocial y la entrega de avituallamiento a los pasajeros que se quedado bloqueados a la espera de una solución a su situación. En estos momentos, las prioridades para Cruz Roja son la identificación de los fallecidos, así como el apoyo y acompañamiento a sus familiares y amigos, que buscan noticias tanto en la estación de Atocha como en Urda o en Toledo, según señaló a Ep el director de Emergencias de Cruz Roja Española, Íñigo Vila. Asimismo, el responsable de la ONG explicó que «siempre viene bien» y «es necesario» contar con donaciones de sangre.
Los heridos encontraban refugio en los hospitales y las familias que no tenían noticia de los suyos lo tenían en el colegio de Urda, que abrió sus puertas a quienes llegaban hasta el corazón de La Mancha preguntando por un hijo, un padre o un amigo del que no tenía noticias desde las 8 de la mañana. Las lágrimas eran sus compañeras de viaje, mientras esperan una llamada o un mensaje de esperanza después de una tragedia que ha vuelto a encoger el corazón de todo un país.
La pequeña localidad toledana de Urda ha llenado titulares, minutos de radio y televisión y vídeos en redes por el accidente sufrido al chocar un AVE y un Iryo en la línea de alta velocidad que une Madrid y Andalucía. Un pueblo que ha hecho gala de eso tan español como es la solidaridad y la ayuda cuando la tragedia golpea con la fuerza con la que ambos trenes impactaron en las vías manchegas.. La respuesta vecina de Urda se ha convertido en el principal soporte de ayuda de los supervivientes del accidente en un primer momento. Más de 500 habitantes de este pueblo se han movilizado enseguida para ayudar en la medida de lo posible a quienes intentaban salir por su propio pie de ese amasijo de metal en el que se habían convertido los vagones de ambos trenes.. Uno de los primeros en llegar a la zona fue Manuel Ortiz, convertido en ángel de la guarda de las personas que intentaban encontrar ayuda en mitad del campo manchego. «He llegado de los primeros y al principio me he quedado un poco atrás, pero luego he llegado más a la zona cero. He llegado, he tirado del freno de mano y me he tirado del coche casi en marcha. Me daba igual todo. He ido a por ellos», recuerda este vecino de Urda, que ha dejado atrás su aprensión para ayudar «como habría hecho cualquiera».. Manuel, que se enteró después de dejar a su hija en el colegio y mientras estaba esperando a ser atendido en el centro médico, hizo de conductor de las víctimas al acercarlas a los centros habilitados para ayudar. Y entre sus pasajeros, se queda con una escena: «Me he llevado a una chica de Cantabria, que ha sido la última que me he llevado, que llevaba el móvil de una compañera a la que no era capaz de encontrar y el padre de esa compañera estaba llamando al móvil. Ha sido muy duro. Sigo en shock. He intentado ayudar en lo que he podido, socorrer a los heridos y si alguien se ha podido salvar por mi ayuda, mejor que mejor».. Ortiz se puso al volante de un coche que hizo varios viajes hacia el pabellón de Urda, donde decenas de vecinos se agolpaban alrededor de diferentes furgonetas que llevaban mantas, hielo, agua y sillas. Dentro esperaban otros tantos voluntarios como Elisabeth, que se enteraba en el gimnasio. No dudó en dejarlo todo. Volvió a casa y se puso al servicio de los demás, repartiendo comida y bebida. «La imagen que más me llama la atención de la gente aquí en el pabellón son las miradas perdidas. Eso te llega al corazón, esa mirada perdida de no saber dónde estás. Y también supongo que es la mirada perdida del horror de lo que han visto».. Otro de los vecinos de Urda que más se volcó en la ayuda tanto a las víctimas como a los servicios de emergencia fue Miguel, dueño del bar La Piscina. Un local que habitualmente abre para dar desayunos hasta las 12 de la mañana y que ayer no cerró sus puertas en todo el día. «No ha dejado de pasar gente. De hecho, nos hemos quedado sin pan para poder hacer más bocadillos. Ha sido una locura de día».. José Manuel Pastrana, sacerdote en Consuegra, tardó pocos minutos en ponerse la camisa y el alzacuellos y coger su coche para recorrer los 13 kilómetros que le separaban de Urda. No se quedó en el pueblo, sino que fue a la zona cero. «Desde el primer momento que llegas aquí todo es dantesco, toda la situación con cuerpos fallecidos, órganos esparcidos por distintos sitios. No tengo palabras para describirlo. Era el momento de estar y escuchar a quienes necesitaban ayuda. Ha sido incluso bonito poder hablar y atender a los heridos y que me pidan que rece por todos».. Efectivos de emergencia. La ayuda ciudadana fue fundamental hasta que llegaron los servicios de emergencia, que también se movilizaron en masa hasta Urda. La UME fue ejemplo de ello, duplicando el dispositivo inicial con 200 efectivos en la zona. Su principal objetivo era la localización urgente y el rescate de personas atrapadas, así como la estabilización del entorno mediante la apertura de vías de acceso y la retirada de elementos ferroviarios de gran tonelaje.. Para las labores de búsqueda y rescate intervinieron sobre el terreno un equipo de búsqueda técnica, un equipo cinológico, una Sección de Zapadores y un equipo de aeronaves pilotadas por control remoto, fundamentales para la inspección y reconocimiento visual de zonas de difícil acceso, según reconoció el Ministerio de Defensa.. Todo fue poco para intentar paliar los efectos de una tragedia que ha afectado a más de un centenar de personas y a sus familias.. Asimismo, la dimensión de la tragedia provocó la necesidad de colaboración por parte de las instituciones hospitalarias. Las víctimas del accidente fueron atendidas durante todo el día tanto en el pabellón de Urda como en centro de mando situado en el lugar del siniestro, así como en los hospitales de Toledo, Alcázar, Ciudad Real, Albacete y Madrid, que abrió las puertas de La Paz, 12 de Octubre, Getafe, Puerta de Hierro, La Princesa, Fundación Jiménez Díaz y Hospital del Henares, Hospital del Tajo, Hospital de Fuenlabrada y el Hospital de Torrejón, donde fueron trasladados los heridos durante toda la tarde del día de ayer.. Por su parte, Cruz Roja movilizó a unas 150 personas tras el accidente. Este dispositivo se centró en dos tareas: el apoyo psicosocial y la entrega de avituallamiento a los pasajeros que se quedado bloqueados a la espera de una solución a su situación. En estos momentos, las prioridades para Cruz Roja son la identificación de los fallecidos, así como el apoyo y acompañamiento a sus familiares y amigos, que buscan noticias tanto en la estación de Atocha como en Urda o en Toledo, según señaló a Ep el director de Emergencias de Cruz Roja Española, Íñigo Vila. Asimismo, el responsable de la ONG explicó que «siempre viene bien» y «es necesario» contar con donaciones de sangre.. Los heridos encontraban refugio en los hospitales y las familias que no tenían noticia de los suyos lo tenían en el colegio de Urda, que abrió sus puertas a quienes llegaban hasta el corazón de La Mancha preguntando por un hijo, un padre o un amigo del que no tenía noticias desde las 8 de la mañana. Las lágrimas eran sus compañeras de viaje, mientras esperan una llamada o un mensaje de esperanza después de una tragedia que ha vuelto a encoger el corazón de todo un país.
La respuesta vecinal fue la columna vertebral que sirvió de apoyo a los afectados en los primeros instantes
La pequeña localidad toledana de Urda ha llenado titulares, minutos de radio y televisión y vídeos en redes por el accidente sufrido al chocar un AVE y un Iryo en la línea de alta velocidad que une Madrid y Andalucía. Un pueblo que ha hecho gala de eso tan español como es la solidaridad y la ayuda cuando la tragedia golpea con la fuerza con la que ambos trenes impactaron en las vías manchegas.. La respuesta vecina de Urda se ha convertido en el principal soporte de ayuda de los supervivientes del accidente en un primer momento. Más de 500 habitantes de este pueblo se han movilizado enseguida para ayudar en la medida de lo posible a quienes intentaban salir por su propio pie de ese amasijo de metal en el que se habían convertido los vagones de ambos trenes.. Uno de los primeros en llegar a la zona fue Manuel Ortiz, convertido en ángel de la guarda de las personas que intentaban encontrar ayuda en mitad del campo manchego. «He llegado de los primeros y al principio me he quedado un poco atrás, pero luego he llegado más a la zona cero. He llegado, he tirado del freno de mano y me he tirado del coche casi en marcha. Me daba igual todo. He ido a por ellos», recuerda este vecino de Urda, que ha dejado atrás su aprensión para ayudar «como habría hecho cualquiera».. Manuel, que se enteró después de dejar a su hija en el colegio y mientras estaba esperando a ser atendido en el centro médico, hizo de conductor de las víctimas al acercarlas a los centros habilitados para ayudar. Y entre sus pasajeros, se queda con una escena: «Me he llevado a una chica de Cantabria, que ha sido la última que me he llevado, que llevaba el móvil de una compañera a la que no era capaz de encontrar y el padre de esa compañera estaba llamando al móvil. Ha sido muy duro. Sigo en shock. He intentado ayudar en lo que he podido, socorrer a los heridos y si alguien se ha podido salvar por mi ayuda, mejor que mejor».. Ortiz se puso al volante de un coche que hizo varios viajes hacia el pabellón de Urda, donde decenas de vecinos se agolpaban alrededor de diferentes furgonetas que llevaban mantas, hielo, agua y sillas. Dentro esperaban otros tantos voluntarios como Elisabeth, que se enteraba en el gimnasio. No dudó en dejarlo todo. Volvió a casa y se puso al servicio de los demás, repartiendo comida y bebida. «La imagen que más me llama la atención de la gente aquí en el pabellón son las miradas perdidas. Eso te llega al corazón, esa mirada perdida de no saber dónde estás. Y también supongo que es la mirada perdida del horror de lo que han visto».. Otro de los vecinos de Urda que más se volcó en la ayuda tanto a las víctimas como a los servicios de emergencia fue Miguel, dueño del bar La Piscina. Un local que habitualmente abre para dar desayunos hasta las 12 de la mañana y que ayer no cerró sus puertas en todo el día. «No ha dejado de pasar gente. De hecho, nos hemos quedado sin pan para poder hacer más bocadillos. Ha sido una locura de día».. José Manuel Pastrana, sacerdote en Consuegra, tardó pocos minutos en ponerse la camisa y el alzacuellos y coger su coche para recorrer los 13 kilómetros que le separaban de Urda. No se quedó en el pueblo, sino que fue a la zona cero. «Desde el primer momento que llegas aquí todo es dantesco, toda la situación con cuerpos fallecidos, órganos esparcidos por distintos sitios. No tengo palabras para describirlo. Era el momento de estar y escuchar a quienes necesitaban ayuda. Ha sido incluso bonito poder hablar y atender a los heridos y que me pidan que rece por todos».. Efectivos de emergencia. La ayuda ciudadana fue fundamental hasta que llegaron los servicios de emergencia, que también se movilizaron en masa hasta Urda. La UME fue ejemplo de ello, duplicando el dispositivo inicial con 200 efectivos en la zona. Su principal objetivo era la localización urgente y el rescate de personas atrapadas, así como la estabilización del entorno mediante la apertura de vías de acceso y la retirada de elementos ferroviarios de gran tonelaje.. Para las labores de búsqueda y rescate intervinieron sobre el terreno un equipo de búsqueda técnica, un equipo cinológico, una Sección de Zapadores y un equipo de aeronaves pilotadas por control remoto, fundamentales para la inspección y reconocimiento visual de zonas de difícil acceso, según reconoció el Ministerio de Defensa.. Todo fue poco para intentar paliar los efectos de una tragedia que ha afectado a más de un centenar de personas y a sus familias.. Asimismo, la dimensión de la tragedia provocó la necesidad de colaboración por parte de las instituciones hospitalarias. Las víctimas del accidente fueron atendidas durante todo el día tanto en el pabellón de Urda como en centro de mando situado en el lugar del siniestro, así como en los hospitales de Toledo, Alcázar, Ciudad Real, Albacete y Madrid, que abrió las puertas de La Paz, 12 de Octubre, Getafe, Puerta de Hierro, La Princesa, Fundación Jiménez Díaz y Hospital del Henares, Hospital del Tajo, Hospital de Fuenlabrada y el Hospital de Torrejón, donde fueron trasladados los heridos durante toda la tarde del día de ayer.. Por su parte, Cruz Roja movilizó a unas 150 personas tras el accidente. Este dispositivo se centró en dos tareas: el apoyo psicosocial y la entrega de avituallamiento a los pasajeros que se quedado bloqueados a la espera de una solución a su situación. En estos momentos, las prioridades para Cruz Roja son la identificación de los fallecidos, así como el apoyo y acompañamiento a sus familiares y amigos, que buscan noticias tanto en la estación de Atocha como en Urda o en Toledo, según señaló a Ep el director de Emergencias de Cruz Roja Española, Íñigo Vila. Asimismo, el responsable de la ONG explicó que «siempre viene bien» y «es necesario» contar con donaciones de sangre.. Los heridos encontraban refugio en los hospitales y las familias que no tenían noticia de los suyos lo tenían en el colegio de Urda, que abrió sus puertas a quienes llegaban hasta el corazón de La Mancha preguntando por un hijo, un padre o un amigo del que no tenía noticias desde las 8 de la mañana. Las lágrimas eran sus compañeras de viaje, mientras esperan una llamada o un mensaje de esperanza después de una tragedia que ha vuelto a encoger el corazón de todo un país.
