Lo diré alto y claro: no pienso subirme a un tren mientras Óscar Puente siga en el puesto que ocupa. Hasta la fecha, como filólogo, uno opinaba que la expresión «personas humanas» era un claro ejemplo de pleonasmo. Pero la cierta posibilidad de que puedan existir personas inhumanas empuja a revisar ese criterio. Las reacciones políticas a la catástrofe de Urda lo demuestran. En sus primeras declaraciones públicas tras la tragedia, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, instó a aprovechar la terrible circunstancia para ser mejores personas y no peores utilizándola políticamente. El problema es que, en el mismo parlamento, se encargó de recalcar otro accidente de tren cuando mandaba Álvarez Cascos, colosal hipocresía. O sea: predica una cosa y la incumple en su propia prédica. Los españoles ya sabemos hace tiempo que los mismos que dicen que no hay que utilizar políticamente a los fallecidos serán los primeros en hacerlo. Denuncian la polarización aquellos mismos que la instigan.. Humanamente, García-Page me ha decepcionado. Parecía uno de los pocos que decía cosas con sentido y que estaba en contacto con la gente en este PSOE actual. En su descargo hay que decir que, en las siguientes declaraciones, mejoró mucho más su tono moral. Uno concebía esperanzas de que fuera alguien de una tendencia más sensata y decente, como él, quien pudiera suceder algún día en su partido a Sánchez cuando los españoles nos lo sacudamos de encima. Porque, si quien se postula para arreglar el PSOE es nada menos que Puente, ya sabemos lo que podemos esperar los españoles. Más de lo mismo o aún peor. En España necesitamos un PSOE saneado, del mismo modo que necesitamos un PP saneado, una izquierda radical competente y una ultraderecha honrada y con convicciones. Eso articularía un abanico político presentable. Basta de charlatanería: el lugar donde necesitamos mejores personas es precisamente en los partidos.
En España necesitamos un PSOE saneado, del mismo modo que necesitamos un PP saneado, una izquierda radical competente y una ultraderecha honrada y con convicciones
Lo diré alto y claro: no pienso subirme a un tren mientras Óscar Puente siga en el puesto que ocupa. Hasta la fecha, como filólogo, uno opinaba que la expresión «personas humanas» era un claro ejemplo de pleonasmo. Pero la cierta posibilidad de que puedan existir personas inhumanas empuja a revisar ese criterio. Las reacciones políticas a la catástrofe de Urda lo demuestran. En sus primeras declaraciones públicas tras la tragedia, Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, instó a aprovechar la terrible circunstancia para ser mejores personas y no peores utilizándola políticamente. El problema es que, en el mismo parlamento, se encargó de recalcar otro accidente de tren cuando mandaba Álvarez Cascos, colosal hipocresía. O sea: predica una cosa y la incumple en su propia prédica. Los españoles ya sabemos hace tiempo que los mismos que dicen que no hay que utilizar políticamente a los fallecidos serán los primeros en hacerlo. Denuncian la polarización aquellos mismos que la instigan.. Humanamente, García-Page me ha decepcionado. Parecía uno de los pocos que decía cosas con sentido y que estaba en contacto con la gente en este PSOE actual. En su descargo hay que decir que, en las siguientes declaraciones, mejoró mucho más su tono moral. Uno concebía esperanzas de que fuera alguien de una tendencia más sensata y decente, como él, quien pudiera suceder algún día en su partido a Sánchez cuando los españoles nos lo sacudamos de encima. Porque, si quien se postula para arreglar el PSOE es nada menos que Puente, ya sabemos lo que podemos esperar los españoles. Más de lo mismo o aún peor. En España necesitamos un PSOE saneado, del mismo modo que necesitamos un PP saneado, una izquierda radical competente y una ultraderecha honrada y con convicciones. Eso articularía un abanico político presentable. Basta de charlatanería: el lugar donde necesitamos mejores personas es precisamente en los partidos.
