Un año más celebramos el Día Mundial de la Atención Primaria. Nadie discute su valor como base del sistema sanitario y, en nuestro país, está sobrada de elogios, especialmente desde la Administración. Sin embargo, es imprescindible denunciar la realidad que vive: un continuo deterioro y una sucesión de promesas que se perpetúan año tras año, con planes y proyectos que acaban siempre en el olvido.
La Atención Primaria, que tiene la capacidad de reducir la mortalidad de la población con solo respetar la longitudinalidad de la atención por un médico de familia y con ser accesible y resolutiva, sufre una realidad que pone en duda su papel en el sistema de salud. Presenta enormes tasas de saturación, sobrecarga y condiciones laborales que empujan al médico de familia a huir de este nivel asistencial. Y esta sobrecarga no solo afecta a los profesionales, sino que compromete directamente la calidad asistencial que reciben los pacientes.
Los médicos y pediatras llevamos años advirtiéndolo. Sin embargo, las respuestas del Ministerio de Sanidad han sido elogios seguidos de planes y promesas que nunca se han concretado en acciones, lo que manifiesta una enorme falta de previsión en las necesidades de los médicos para sostener el sistema.
Podremos seguir ensalzando el papel de los médicos y pediatras de Atención Primaria, pero, cada vez más, se está permitiendo que médicos sin la especialidad correspondiente ocupen plazas y, lo que es peor, que se promocione que otras categorías profesionales sanitarias asuman funciones propias del médico, en un claro desprecio al papel que desempeñan en nuestra sanidad. No se puede defender la excelencia y, al mismo tiempo, debilitar sus fundamentos.
Esto no es nuevo. Estructuralmente, no hay voluntad de promocionar la Atención Primaria mientras sus presupuestos merman respecto a la Atención Hospitalaria. No se integran las actividades preventivas de Salud Pública, nunca se ha conseguido cubrir el 100 % de los puestos de pediatría con pediatras, y podríamos seguir con muchos ejemplos más.
El malestar acumulado ha encontrado su expresión en la huelga contra el anteproyecto de Estatuto Marco convocada por CESM y posteriormente secundada por todos los sindicatos médicos, que pretende aprobar el Ministerio. Una huelga que no responde a intereses corporativos, sino a una situación límite. Su objetivo es mejorar unas condiciones laborales en agravio respecto al resto de trabajadores de la sanidad, pero, sobre todo, garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y potenciar la figura del médico como eje fundamental del mismo.
Los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria no estamos necesitados de elogios, de nuevas promesas ni de más planes que pasan al olvido al día siguiente de su publicación. Lo que estamos reclamando no son privilegios, sino condiciones dignas tan básicas como tiempo para atender adecuadamente a los pacientes, estabilidad laboral que garantice la continuidad de la atención, reconocimiento del papel del médico en el sistema y una planificación realista que asegure el relevo generacional y evite la fuga continua.
Ahora, más que nunca, el Ministerio de Sanidad debe escuchar, dialogar y reconocer la función del médico de Atención Primaria en el sistema sanitario como la principal pieza del complejo equipo asistencial. No hacen falta más aplausos ni promesas, sino medidas concretas y justas desde el punto de vista laboral, junto con el reconocimiento de una responsabilidad que recae fundamentalmente en el médico.
Porque cuidar de la Atención Primaria es cuidar de toda nuestra sanidad pública.
*Víctor Pedrera es secretario general de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM)
Un año más celebramos el Día Mundial de la Atención Primaria. Nadie discute su valor como base del sistema sanitario y, en nuestro país, está sobrada de elogios, especialmente desde la Administración. Sin embargo, es imprescindible denunciar la realidad que vive: un continuo deterioro y una sucesión de promesas que se perpetúan año tras año, con planes y proyectos que acaban siempre en el olvido.. La Atención Primaria, que tiene la capacidad de reducir la mortalidad de la población con solo respetar la longitudinalidad de la atención por un médico de familia y con ser accesible y resolutiva, sufre una realidad que pone en duda su papel en el sistema de salud. Presenta enormes tasas de saturación, sobrecarga y condiciones laborales que empujan al médico de familia a huir de este nivel asistencial. Y esta sobrecarga no solo afecta a los profesionales, sino que compromete directamente la calidad asistencial que reciben los pacientes.. Los médicos y pediatras llevamos años advirtiéndolo. Sin embargo, las respuestas del Ministerio de Sanidad han sido elogios seguidos de planes y promesas que nunca se han concretado en acciones, lo que manifiesta una enorme falta de previsión en las necesidades de los médicos para sostener el sistema.. Podremos seguir ensalzando el papel de los médicos y pediatras de Atención Primaria, pero, cada vez más, se está permitiendo que médicos sin la especialidad correspondiente ocupen plazas y, lo que es peor, que se promocione que otras categorías profesionales sanitarias asuman funciones propias del médico, en un claro desprecio al papel que desempeñan en nuestra sanidad. No se puede defender la excelencia y, al mismo tiempo, debilitar sus fundamentos.. Esto no es nuevo. Estructuralmente, no hay voluntad de promocionar la Atención Primaria mientras sus presupuestos merman respecto a la Atención Hospitalaria. No se integran las actividades preventivas de Salud Pública, nunca se ha conseguido cubrir el 100 % de los puestos de pediatría con pediatras, y podríamos seguir con muchos ejemplos más.. El malestar acumulado ha encontrado su expresión en la huelga contra el anteproyecto de Estatuto Marco convocada por CESM y posteriormente secundada por todos los sindicatos médicos, que pretende aprobar el Ministerio. Una huelga que no responde a intereses corporativos, sino a una situación límite. Su objetivo es mejorar unas condiciones laborales en agravio respecto al resto de trabajadores de la sanidad, pero, sobre todo, garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y potenciar la figura del médico como eje fundamental del mismo.. Los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria no estamos necesitados de elogios, de nuevas promesas ni de más planes que pasan al olvido al día siguiente de su publicación. Lo que estamos reclamando no son privilegios, sino condiciones dignas tan básicas como tiempo para atender adecuadamente a los pacientes, estabilidad laboral que garantice la continuidad de la atención, reconocimiento del papel del médico en el sistema y una planificación realista que asegure el relevo generacional y evite la fuga continua.. Ahora, más que nunca, el Ministerio de Sanidad debe escuchar, dialogar y reconocer la función del médico de Atención Primaria en el sistema sanitario como la principal pieza del complejo equipo asistencial. No hacen falta más aplausos ni promesas, sino medidas concretas y justas desde el punto de vista laboral, junto con el reconocimiento de una responsabilidad que recae fundamentalmente en el médico.. Porque cuidar de la Atención Primaria es cuidar de toda nuestra sanidad pública.. *Víctor Pedrera es secretario general de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM)
Mientras los políticos elogian su papel, permiten que profesionales sin la especialidad ocupen plazas y, lo que es peor, promocionan que otras categorías sanitarias asuman sus funciones
Un año más celebramos el Día Mundial de la Atención Primaria. Nadie discute su valor como base del sistema sanitario y, en nuestro país, está sobrada de elogios, especialmente desde la Administración. Sin embargo, es imprescindible denunciar la realidad que vive: un continuo deterioro y una sucesión de promesas que se perpetúan año tras año, con planes y proyectos que acaban siempre en el olvido.. La Atención Primaria, que tiene la capacidad de reducir la mortalidad de la población con solo respetar la longitudinalidad de la atención por un médico de familia y con ser accesible y resolutiva, sufre una realidad que pone en duda su papel en el sistema de salud. Presenta enormes tasas de saturación, sobrecarga y condiciones laborales que empujan al médico de familia a huir de este nivel asistencial. Y esta sobrecarga no solo afecta a los profesionales, sino que compromete directamente la calidad asistencial que reciben los pacientes.. Los médicos y pediatras llevamos años advirtiéndolo. Sin embargo, las respuestas del Ministerio de Sanidad han sido elogios seguidos de planes y promesas que nunca se han concretado en acciones, lo que manifiesta una enorme falta de previsión en las necesidades de los médicos para sostener el sistema.. Podremos seguir ensalzando el papel de los médicos y pediatras de Atención Primaria, pero, cada vez más, se está permitiendo que médicos sin la especialidad correspondiente ocupen plazas y, lo que es peor, que se promocione que otras categorías profesionales sanitarias asuman funciones propias del médico, en un claro desprecio al papel que desempeñan en nuestra sanidad. No se puede defender la excelencia y, al mismo tiempo, debilitar sus fundamentos.. Esto no es nuevo. Estructuralmente, no hay voluntad de promocionar la Atención Primaria mientras sus presupuestos merman respecto a la Atención Hospitalaria. No se integran las actividades preventivas de Salud Pública, nunca se ha conseguido cubrir el 100 % de los puestos de pediatría con pediatras, y podríamos seguir con muchos ejemplos más.. El malestar acumulado ha encontrado su expresión en la huelga contra el anteproyecto de Estatuto Marco convocada por CESM y posteriormente secundada por todos los sindicatos médicos, que pretende aprobar el Ministerio. Una huelga que no responde a intereses corporativos, sino a una situación límite. Su objetivo es mejorar unas condiciones laborales en agravio respecto al resto de trabajadores de la sanidad, pero, sobre todo, garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y potenciar la figura del médico como eje fundamental del mismo.. Los médicos de familia y pediatras de Atención Primaria no estamos necesitados de elogios, de nuevas promesas ni de más planes que pasan al olvido al día siguiente de su publicación. Lo que estamos reclamando no son privilegios, sino condiciones dignas tan básicas como tiempo para atender adecuadamente a los pacientes, estabilidad laboral que garantice la continuidad de la atención, reconocimiento del papel del médico en el sistema y una planificación realista que asegure el relevo generacional y evite la fuga continua.. Ahora, más que nunca, el Ministerio de Sanidad debe escuchar, dialogar y reconocer la función del médico de Atención Primaria en el sistema sanitario como la principal pieza del complejo equipo asistencial. No hacen falta más aplausos ni promesas, sino medidas concretas y justas desde el punto de vista laboral, junto con el reconocimiento de una responsabilidad que recae fundamentalmente en el médico.. Porque cuidar de la Atención Primaria es cuidar de toda nuestra sanidad pública.. *Víctor Pedrera es secretario general de la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM)
