Leo a una compañera en otro periódico sobre el ozempic y lo bien que le ha ido con los pinchazos más deseados del verano: pérdida de treinta kilos «por prescripción médica». Diríase que se habla de una nueva droga con un sinfín de yonquis. Está feliz. La delgadez la hecho más guapa, eso dice, pero concluye que no la hace mejor persona o más inteligente. Entiendo que cuando se habla de este asunto, el de la delgadez, casi todo el mundo coincide en que no hay que obsesionarse con un físico normativo etc etc, incluso la periodista que confiesa estar encantada con sus treinta kilos menos. Como si tuviera que perdonarse por alcanzar su objetivo. No hay nada que perdonar. El mundo en el que vivimos, no otros que algunos quieren inventarse para tener mejor conciencia, premia a los guapos, a los altos y a los delgados.. Si hubiera una inyección para crecer estaría enganchado a ella, créeme, aunque no fuera por prescripción médica. Vale, no hay que obsesionarse. La belleza sigue un canon que cambia con el tiempo y hay rellenitos que han nacido en un siglo equivocado, según esta regla no escrita. Ahora no tenemos a Rubens, ni siquiera a Botero. Las publicaciones digitales nos dan cuenta de cuerpos a los que la mayoría no llega, aunque lo intenta.. Hablemos claro de una vez. Que levante la mano quien no ha deseado estar en la piel de George Clooney o de Anne Hathaway. Por eso, no hay que perdonarse estar más guapa con treinta kilos menos porque es lógico alegrarse si seguimos el patrón occidental en el que bailamos. La periodista está más cerca de Elsa Pataky y más lejos de la burla. De acuerdo, no será más lista ni mejor persona. Pero cuando se va por la calle, ¿quién piensa si tal persona es bondadosa o maléfica? Estamos condenados a tener la mejor cara posible, seguimos ese sendero en el que la diversidad es solo un anuncio de gel de baño. Así que no mintamos. A los que tienen treinta kilos más que lo que dice su Índice de Masa Corporal o a los bajitos o a los de cara mortalmente asimétrica. Queridos, esto es lo que hay.
Estamos condenados a tener la mejor cara posible, seguimos ese sendero en el que la diversidad es solo un anuncio de gel de baño
Leo a una compañera en otro periódico sobre el ozempic y lo bien que le ha ido con los pinchazos más deseados del verano: pérdida de treinta kilos «por prescripción médica». Diríase que se habla de una nueva droga con un sinfín de yonquis. Está feliz. La delgadez la hecho más guapa, eso dice, pero concluye que no la hace mejor persona o más inteligente. Entiendo que cuando se habla de este asunto, el de la delgadez, casi todo el mundo coincide en que no hay que obsesionarse con un físico normativo etc etc, incluso la periodista que confiesa estar encantada con sus treinta kilos menos. Como si tuviera que perdonarse por alcanzar su objetivo. No hay nada que perdonar. El mundo en el que vivimos, no otros que algunos quieren inventarse para tener mejor conciencia, premia a los guapos, a los altos y a los delgados.. Si hubiera una inyección para crecer estaría enganchado a ella, créeme, aunque no fuera por prescripción médica. Vale, no hay que obsesionarse. La belleza sigue un canon que cambia con el tiempo y hay rellenitos que han nacido en un siglo equivocado, según esta regla no escrita. Ahora no tenemos a Rubens, ni siquiera a Botero. Las publicaciones digitales nos dan cuenta de cuerpos a los que la mayoría no llega, aunque lo intenta.. Hablemos claro de una vez. Que levante la mano quien no ha deseado estar en la piel de George Clooney o de Anne Hathaway. Por eso, no hay que perdonarse estar más guapa con treinta kilos menos porque es lógico alegrarse si seguimos el patrón occidental en el que bailamos. La periodista está más cerca de Elsa Pataky y más lejos de la burla. De acuerdo, no será más lista ni mejor persona. Pero cuando se va por la calle, ¿quién piensa si tal persona es bondadosa o maléfica? Estamos condenados a tener la mejor cara posible, seguimos ese sendero en el que la diversidad es solo un anuncio de gel de baño. Así que no mintamos. A los que tienen treinta kilos más que lo que dice su Índice de Masa Corporal o a los bajitos o a los de cara mortalmente asimétrica. Queridos, esto es lo que hay.
