Ayer se reunió (además del Consejo de Ministros y previo a él) el Consejo de Seguridad Nacional, que es el máximo órgano asesor del Gobierno en situaciones de crisis. Su convocatoria extraordinaria es obviamente para tratar la situación creada en Ceuta tras la invasión de la Ciudad Autónoma española por la entrada ilegal de una multitud de inmigrantes procedentes de Marruecos. Se estima que fueron nada menos que unos 80.000, lo que es equivalente a que en la capital Madrid, por ejemplo, accedieran ilegalmente más de 3 millones de extranjeros. Y de los cuales, transcurridos 26 días, todavía permanecieran más de 300.000. Quizás de esta manera es más fácil comprender lo que para los 84.000 españoles ceutíes representa lo sucedido (y que sigue sucediendo). Y que ha merecido el agradecimiento de Sánchez por la cooperación de nuestro vecino marroquí para “restablecer la normalidad”. Y que lo dijo precisamente el 1º de agosto para a continuación trasladarse a La Mareta de vacaciones veraniegas. Convocar a un órgano como el Consejo de Seguridad Nacional para hacer frente a una situación de grave crisis y hacerlo 26 días después de producida, define lo que es el Frente Popular social comunista y “progresista”, comúnmente conocido como la versión gubernamental del sanchismo. Si aplicáramos la definición más precisa y académica a esta convocatoria de ayer -incluyendo también a la del Consejo de Ministros-, habría que calificarlas de una “contradicción existencial” es decir, pretender hacer simultáneamente una cosa y la contraria. Porque considerar que para una crisis que significa una “violación de la integridad territorial de España”, y que ciertamente lo es, el Gobierno y el Consejo de Seguridad Nacional se reúnen para afrontarla 26 días después, merece la calificación mencionada. Que el diccionario de la RAE denomina “un oxímoron”. Que es “una figura retórica que une dos palabras de significado opuesto en una misma estructura para crear un significado nuevo”. Como es el caso, por ejemplo, de “un silencio ensordecedor” o de un “fuego helado”. Aclarado ello, podemos calificar al sanchismo político instalado en el Gobierno como un “oxímoron” en la medida en que el sanchismo gubernamental es lo contrario a una institución digna de ser considerada como un Gobierno. Que “trabaja por el bien común de sus compatriotas y el interés general de su país”. Y no por su mero interés particular y del de quienes le utilizan y les mantiene instalado en el “gobierno”: para servir a los suyos. Que además son intereses opuestos al interés general de una España fiel a su identidad nacional e histórica.
Podemos calificar al sanchismo político instalado en el Gobierno como un “oxímoron” en la medida en que el sanchismo gubernamental es lo contrario a una institución digna de ser considerada como un Gobierno
Ayer se reunió (además del Consejo de Ministros y previo a él) el Consejo de Seguridad Nacional, que es el máximo órgano asesor del Gobierno en situaciones de crisis. Su convocatoria extraordinaria es obviamente para tratar la situación creada en Ceuta tras la invasión de la Ciudad Autónoma española por la entrada ilegal de una multitud de inmigrantes procedentes de Marruecos. Se estima que fueron nada menos que unos 80.000, lo que es equivalente a que en la capital Madrid, por ejemplo, accedieran ilegalmente más de 3 millones de extranjeros. Y de los cuales, transcurridos 26 días, todavía permanecieran más de 300.000. Quizás de esta manera es más fácil comprender lo que para los 84.000 españoles ceutíes representa lo sucedido (y que sigue sucediendo). Y que ha merecido el agradecimiento de Sánchez por la cooperación de nuestro vecino marroquí para “restablecer la normalidad”. Y que lo dijo precisamente el 1º de agosto para a continuación trasladarse a La Mareta de vacaciones veraniegas. Convocar a un órgano como el Consejo de Seguridad Nacional para hacer frente a una situación de grave crisis y hacerlo 26 días después de producida, define lo que es el Frente Popular social comunista y “progresista”, comúnmente conocido como la versión gubernamental del sanchismo. Si aplicáramos la definición más precisa y académica a esta convocatoria de ayer -incluyendo también a la del Consejo de Ministros-, habría que calificarlas de una “contradicción existencial” es decir, pretender hacer simultáneamente una cosa y la contraria. Porque considerar que para una crisis que significa una “violación de la integridad territorial de España”, y que ciertamente lo es, el Gobierno y el Consejo de Seguridad Nacional se reúnen para afrontarla 26 días después, merece la calificación mencionada. Que el diccionario de la RAE denomina “un oxímoron”. Que es “una figura retórica que une dos palabras de significado opuesto en una misma estructura para crear un significado nuevo”. Como es el caso, por ejemplo, de “un silencio ensordecedor” o de un “fuego helado”. Aclarado ello, podemos calificar al sanchismo político instalado en el Gobierno como un “oxímoron” en la medida en que el sanchismo gubernamental es lo contrario a una institución digna de ser considerada como un Gobierno. Que “trabaja por el bien común de sus compatriotas y el interés general de su país”. Y no por su mero interés particular y del de quienes le utilizan y les mantiene instalado en el “gobierno”: para servir a los suyos. Que además son intereses opuestos al interés general de una España fiel a su identidad nacional e histórica.
