Discutir con un hijo adolescente en pleno arrebato de mal humor es una de esas situaciones que cualquier padre reconoce al instante, y también una de las que más rápido puede descontrolarse si no se maneja bien desde el principio.
Por ello, el psicólogo especializado en adolescentes Alfonso Navarro ha querido ilustrar, con un gran ejemplo, cómo debería reaccionar un padre cuando su hijo le contesta de malas formas, y qué es exactamente lo que no debería hacer bajo ningún concepto.
Para explicarlo, Navarro recrea una escena seguramente muy repetida en los hogares de todos los españoles:
– Luis: Papá, van todos menos yo.
– Padre: Luis, ya lo hemos hablado, hoy no vas a salir.
– Luis: Me tenéis hasta los huevos, siempre igual, no me dejáis vivir.
– Padre: Ni se te ocurra volver a hablarme en ese tono.
Todo esto es lo que plantea Navarro durante su vídeo publicando en TikTok.
«Para un momento, si tu hijo te responde con malas formas, lo peor que puedes hacer es contestarle con el mismo tono de agresividad», advierte. Al fin y al cabo, «muchos padres consideran que corrigiendo en ese momento de esa manera es como están educando, pero lo único que consiguen es que la discusión vaya a más».
Qué ocurre en el cerebro de un adolescente cuando está alterado
El psicólogo explica el motivo por el que este tipo de respuesta resulta contraproducente, apoyándose en lo que ocurre a nivel emocional en el cerebro de un adolescente en ese estado.
«Porque cuando un adolescente está alterado, se está frustrando, su cerebro está dominado por esa emoción. Siente que algo no es justo, siente que su mundo se derrumba, siente que lo que sucede le desborda», detalla, a la vez que hace hincapié en que mientras el chico se encuentra en ese punto de activación emocional, «no está preparado ni para escucharte ni para aprender».
La clave está en calmar la situación antes de corregir
De ahí extrae el psicólogo la clave de su planteamiento: el orden en el que se actúa importa, y mucho. «Por eso, en estos casos, el orden sí importa: primero regulamos y luego enseñamos», resume Navarro.
Por lo tanto, ante una respuesta enfurecida de un hijo, lo ideal sería mantener una reacción muy distinta: «Luis, vamos a dejar aquí esta conversación. Vete a tu cuarto y luego, cuando te calmes, si eso lo hablamos».
Esa pausa es el primer paso antes de poder abordar realmente el problema. Una vez que el hijo se ha calmado, llega el momento de la segunda parte de la conversación, la que sí permite educar de verdad: «Luis, yo entiendo que estés enfadado porque quieras salir, pero una cosa es enfadarse y otra cosa es hablar mal o faltar al respeto. En esta casa puedes decir lo que piensas, pero siempre manteniendo unas formas, ¿entiendes lo que te quiero decir?», plantea el psicólogo, cerrando el ejemplo con la respuesta del propio hijo ya sereno: «Sí, lo entiendo».
Discutir con un hijo adolescente en pleno arrebato de mal humor es una de esas situaciones que cualquier padre reconoce al instante, y también una de las que más rápido puede descontrolarse si no se maneja bien desde el principio.. Por ello, el psicólogo especializado en adolescentes Alfonso Navarro ha querido ilustrar, con un gran ejemplo, cómo debería reaccionar un padre cuando su hijo le contesta de malas formas, y qué es exactamente lo que no debería hacer bajo ningún concepto.. Para explicarlo, Navarro recrea una escena seguramente muy repetida en los hogares de todos los españoles:. – Luis: Papá, van todos menos yo.. – Padre: Luis, ya lo hemos hablado, hoy no vas a salir.. – Luis: Me tenéis hasta los huevos, siempre igual, no me dejáis vivir.. – Padre: Ni se te ocurra volver a hablarme en ese tono.. Todo esto es lo que plantea Navarro durante su vídeo publicando en TikTok.. «Para un momento, si tu hijo te responde con malas formas, lo peor que puedes hacer es contestarle con el mismo tono de agresividad», advierte. Al fin y al cabo, «muchos padres consideran que corrigiendo en ese momento de esa manera es como están educando, pero lo único que consiguen es que la discusión vaya a más».. Qué ocurre en el cerebro de un adolescente cuando está alterado. El psicólogo explica el motivo por el que este tipo de respuesta resulta contraproducente, apoyándose en lo que ocurre a nivel emocional en el cerebro de un adolescente en ese estado.. «Porque cuando un adolescente está alterado, se está frustrando, su cerebro está dominado por esa emoción. Siente que algo no es justo, siente que su mundo se derrumba, siente que lo que sucede le desborda», detalla, a la vez que hace hincapié en que mientras el chico se encuentra en ese punto de activación emocional, «no está preparado ni para escucharte ni para aprender».. La clave está en calmar la situación antes de corregir. De ahí extrae el psicólogo la clave de su planteamiento: el orden en el que se actúa importa, y mucho. «Por eso, en estos casos, el orden sí importa: primero regulamos y luego enseñamos», resume Navarro.. Por lo tanto, ante una respuesta enfurecida de un hijo, lo ideal sería mantener una reacción muy distinta: «Luis, vamos a dejar aquí esta conversación. Vete a tu cuarto y luego, cuando te calmes, si eso lo hablamos».. Esa pausa es el primer paso antes de poder abordar realmente el problema. Una vez que el hijo se ha calmado, llega el momento de la segunda parte de la conversación, la que sí permite educar de verdad: «Luis, yo entiendo que estés enfadado porque quieras salir, pero una cosa es enfadarse y otra cosa es hablar mal o faltar al respeto. En esta casa puedes decir lo que piensas, pero siempre manteniendo unas formas, ¿entiendes lo que te quiero decir?», plantea el psicólogo, cerrando el ejemplo con la respuesta del propio hijo ya sereno: «Sí, lo entiendo».
Alfonso Navarro explica qué sucede a nivel emocional cuando un adolescente pierde el control y propone dejar la corrección para después, una vez recuperada la calma
Discutir con un hijo adolescente en pleno arrebato de mal humor es una de esas situaciones que cualquier padre reconoce al instante, y también una de las que más rápido puede descontrolarse si no se maneja bien desde el principio.. Por ello, el psicólogo especializado en adolescentes Alfonso Navarro ha querido ilustrar, con un gran ejemplo, cómo debería reaccionar un padre cuando su hijo le contesta de malas formas, y qué es exactamente lo que no debería hacer bajo ningún concepto.. Para explicarlo, Navarro recrea una escena seguramente muy repetida en los hogares de todos los españoles:. – Luis: Papá, van todos menos yo.. – Padre: Luis, ya lo hemos hablado, hoy no vas a salir.. – Luis: Me tenéis hasta los huevos, siempre igual, no me dejáis vivir.. – Padre: Ni se te ocurra volver a hablarme en ese tono.. Todo esto es lo que plantea Navarro durante su vídeo publicando en TikTok.. «Para un momento, si tu hijo te responde con malas formas, lo peor que puedes hacer es contestarle con el mismo tono de agresividad», advierte. Al fin y al cabo, «muchos padres consideran que corrigiendo en ese momento de esa manera es como están educando, pero lo único que consiguen es que la discusión vaya a más».. Qué ocurre en el cerebro de un adolescente cuando está alterado. El psicólogo explica el motivo por el que este tipo de respuesta resulta contraproducente, apoyándose en lo que ocurre a nivel emocional en el cerebro de un adolescente en ese estado.. «Porque cuando un adolescente está alterado, se está frustrando, su cerebro está dominado por esa emoción. Siente que algo no es justo, siente que su mundo se derrumba, siente que lo que sucede le desborda», detalla, a la vez que hace hincapié en que mientras el chico se encuentra en ese punto de activación emocional, «no está preparado ni para escucharte ni para aprender».. La clave está en calmar la situación antes de corregir. De ahí extrae el psicólogo la clave de su planteamiento: el orden en el que se actúa importa, y mucho. «Por eso, en estos casos, el orden sí importa: primero regulamos y luego enseñamos», resume Navarro.. Por lo tanto, ante una respuesta enfurecida de un hijo, lo ideal sería mantener una reacción muy distinta: «Luis, vamos a dejar aquí esta conversación. Vete a tu cuarto y luego, cuando te calmes, si eso lo hablamos».. Esa pausa es el primer paso antes de poder abordar realmente el problema. Una vez que el hijo se ha calmado, llega el momento de la segunda parte de la conversación, la que sí permite educar de verdad: «Luis, yo entiendo que estés enfadado porque quieras salir, pero una cosa es enfadarse y otra cosa es hablar mal o faltar al respeto. En esta casa puedes decir lo que piensas, pero siempre manteniendo unas formas, ¿entiendes lo que te quiero decir?», plantea el psicólogo, cerrando el ejemplo con la respuesta del propio hijo ya sereno: «Sí, lo entiendo».
