Un personaje extraordinario, Gonzalo Suárez. Siempre huyendo de algo, eso decía. “Del tiempo, pues el tiempo no existe”. Es, decía, una pregunta sin respuesta. Tomaba vino al mediodía, se reía de si mismo. Lo único que le importaba, decía él, era la vida a secas, “abarcar muchas cosas que tiene la vida”. Por eso, por esa pasión por la velocidad, su película preferida era Con la muerte en los talones. “A mí me gustaría estar huyendo de algo. Porque mientras huyes de algo, las cosas no tienen sentido”.. Seguir leyendo
El cineasta fue un genio escribiendo del deporte nacional, hasta que el cine se lo llevó para siempre
Un personaje extraordinario, Gonzalo Suárez. Siempre huyendo de algo, eso decía. “Del tiempo, pues el tiempo no existe”. Es, decía, una pregunta sin respuesta. Tomaba vino al mediodía, se reía de si mismo. Lo único que le importaba, decía él, era la vida a secas, “abarcar muchas cosas que tiene la vida”. Por eso, por esa pasión por la velocidad, su película preferida era Con la muerte en los talones. “A mí me gustaría estar huyendo de algo. Porque mientras huyes de algo, las cosas no tienen sentido”.. Hijastro de Helenio Herrera, el que fue entrenador del Barcelona, cayó un día en aquella revista Dicen…, con su mujer, su amor de siempre, Helen, y allí dejó una crónica que ni firmó. Lo llamaron cuando ya se iba por la puerta. “¿Usted no firma?”. Y entonces firmó con el nombre que también era de su mujer. Martín Girard.. Luego sería, en el fútbol, Martín Girard, un genio de lo que entonces era el deporte nacional. Le ayudó a su padrastro a ser mejor en el fútbol, hasta que el cine se lo llevó para siempre. Pero jamás se quedó fuera de su nombre, Martín Girard. Así que hasta hace algunos años siguió significándose en una pasión que parecía de otro mundo, pues el fútbol dejó de ser, para él, quizá para la historia, algo que no despertaba ya aquel modo de ser que no podía pertenecer a otro que Gonzalo Suárez. Siempre huyendo de algo.. Le pregunté un día por qué se hizo tan futbolero, para no serlo luego, pues ya fue mucho más del cine que de cualquier otra pasión. Me dijo: “Fue una circunstancia casual. Mi madre me llevó al Atlético de Madrid y, sorprendentemente, mi memoria no me impide saberme toda la alineación del equipo de entonces”. Me la dijo, a toda prisa, como si la tuviera guardada en el aire: “Mingo, Riera, Aparicio, Lozano, Mújica, Silva, Juncosa, Pérez-Payá, Bembarec, Carson y… yo creo que ya, ¿no?”.. Ese viaje al fútbol no lo dejó nunca, y ese equipo en concreto lo marcó como luego le marcaría (este para siempre) el cine… El Atlético de Madrid y el Inter de Milán, que fue el gran equipo de Helenio Herrera y de Luis Suárez, fueron su pasión y sería un gran recuerdo de Gonzalo. Jamás dejó de ser de todos ellos, hasta el último instante.. El cine era su pasión, la literatura era su sueño y su familia era más que todo eso: era la vida entera. En cuando al fútbol, de nuevo: él puso en marcha sin saberlo la pasión de quienes lo leían desde lejos sin saber quién era aquel que se encondía en un seudónimo para explicar el fútbol como nadie. Dicen… apareció en mi pueblo cuando yo era un muchacho que buscaba las razones del Barça. La pasión convirtió a aquel supuesto nombre propio en alguien que se me presentada por las noches como un fantasma que me contaba historias de Ramallets y de Kubala…. Cuando ya supe quién era aquel hombre y éste aparecía en las revistas con el nombre de Gonzálo Suárez, ya éste era más importante que la mayor parte de aquellos que él mismo dejó detrás del fútbol… y de las artes. Había entrado ahí, me dijo, “una vez que participaba en un entrenamiento del Inter. En una revista me pidieron hacerle una entrevista a un jugador. La hice, la entregué y les gustó, y me dijeron que escribiera más cosas. Hice más entrevistas con éxito y ahí empezó esto de escribir”.. La literatura, me dijo, “es el boxeador con su sombra, sentado, solo, y en cambio las entrevistas implicaban una acción: ir a buscar a la gente”. ¿Y el cine, Gonzalo?: “Una película nace con una buena idea y con un buen productor. Luego puedes tener éxito, puedes fracasar, pero también hay que ser constante”.. La última vez tomamos vino en el bar de siempre, y después se iría, era el verano, y él no quería este año el verano. La última vez que escribí sobre Gonzalo iba a recibir el premio de sus colegas del cine. Ya se había enfrentado, se dijo en este periódico, a todas las artes, y en cada una ha respirado literatura.. Su última respuesta fue: “La vida avanza a tal velocidad que da pánico. Todo es tan fugaz que ya no hay ni antes ni después”. Antes de que lloviera otra vez quedamos en vernos estos días. Ahora entiendo por qué este lunes me tuvo tan horriblemente triste.. Siempre huyendo de algo y queriendo tanto a los suyos.
