La vileza del sanchismo no tiene límites. No solo se ríen de los pasajeros del AVE que han fallecido, de los que a estas horas continúan figurando en la angustiosa «lista de desaparecidos», de sus familias y de todos los españoles, sino que, además, les ha faltado tiempo para buscar un chivo expiatorio. Ya lo saben: ellos jamás tienen la culpa. Debe ser que Dios es un aficionado a su lado. Y lo hicieron no solo vulnerando las más elementales leyes éticas y morales, sino, además, haciéndose un García Ortiz, que es como ahora se llama en cristiano al delito de revelación de secretos. Una conducta sancionada con hasta cinco años de cárcel y que, por cierto, al ex fiscal general del Estado le salió baratita: dos años de inhabilitación pero cero de trena. No habían transcurrido ni 12 horas del tan espeluznante como tercermundista accidente ferroviario de Urda cuando el presidente del Gobierno filtró a su pelota periodístico oficial, Carlos E. Cué de El País, los audios del Centro de Control de Adif en Atocha. El objetivo de los autores del delito de revelación de secretos, y obviamente de sus conscientísimos cómplices periodísticos, no era otro que apuntalar la teoría que ya había puesto encima de la mesa el ministro de Transportes: «El fallo humano». Un Óscar Puente rebautizado ya por la calle como «Óscar Muerte» tras acumular en nueve meses y medio 120 fallecidos en accidentes no de trenes de chichinabo sino de la joya de la corona, la alta velocidad. Un socialdemócrata de verdad, Felipe González, creó un sistema envidiado en todo el mundo que funcionó a las mil maravillas durante un cuarto de siglo y otro de mentira, Pedro Sánchez, lo ha destruido en ocho. Lo que deliberadamente ocultó Óscar Muerte es que lo que gripó inicialmente es el sistema LZB, que garantizaba una seguridad del 99,999999% en el AVE… hasta que llegó este Ejecutivo atestado de ladrones, criminales, puteros y piernas. A tenor de las palabras del Ministro Muerte pareciera que lo normal es que este mecanismo electrónico falle más que una escopeta de feria: «Se ha caído 170 veces este año». Lo que en el fondo sostiene el hombre que no conjuga el verbo dimitir es que resulta lo más normal del mundo que pueda haber tragedias como la de Urda o como esa otra de Adamuz en la que 46 personas fallecieron porque la vía estaba mal soldada. Siniestro que tampoco permitiremos que caiga en el olvido porque se lo debemos a las 46 víctimas. Se le olvidó apostillar que el LZB no falló el miércoles en un tramito de la vía, sino durante ¡¡¡63 kilómetros!!! Con lo cual el dolo o la culpa del controlador de Atocha, cuya identidad también fue desvelada (Martín), quedan absolutamente capitidisminuidos. Esta gentuza también esconde otro nada insignificante detalle: este pobre hombre no estaba solo en la sala sino acompañado por otros profesionales del gremio, incluidos varios superiores que no pusieron tacha alguna a la decisión de que el AVE avanzase en dirección al Iryo. Por cierto: es sencillamente flipante que un ministro ponga en la diana a un subordinado para salvar su asqueroso y fofo culo. Su nula empatía quedó definitivamente retratada ayer al mofarse de los familiares de los fallecidos: «No sé qué nivel de confort puede darles que yo dimita». Nada comparable en abyección a ese señalamiento del cabeza de turco que se han agenciado por repugnantes motivos electorales. ¿Qué queréis, que Martín se suicide? Lo digo porque no hay cuerpo ni espíritu que aguante que le culpen de la muerte de 70 personas ante 48 millones de compatriotas.
Nada comparable en abyección a ese señalamiento del cabeza de turco que se han agenciado por repugnantes motivos electorales
La vileza del sanchismo no tiene límites. No solo se ríen de los pasajeros del AVE que han fallecido, de los que a estas horas continúan figurando en la angustiosa «lista de desaparecidos», de sus familias y de todos los españoles, sino que, además, les ha faltado tiempo para buscar un chivo expiatorio. Ya lo saben: ellos jamás tienen la culpa. Debe ser que Dios es un aficionado a su lado. Y lo hicieron no solo vulnerando las más elementales leyes éticas y morales, sino, además, haciéndose un García Ortiz, que es como ahora se llama en cristiano al delito de revelación de secretos. Una conducta sancionada con hasta cinco años de cárcel y que, por cierto, al ex fiscal general del Estado le salió baratita: dos años de inhabilitación pero cero de trena. No habían transcurrido ni 12 horas del tan espeluznante como tercermundista accidente ferroviario de Urda cuando el presidente del Gobierno filtró a su pelota periodístico oficial, Carlos E. Cué de El País, los audios del Centro de Control de Adif en Atocha. El objetivo de los autores del delito de revelación de secretos, y obviamente de sus conscientísimos cómplices periodísticos, no era otro que apuntalar la teoría que ya había puesto encima de la mesa el ministro de Transportes: «El fallo humano». Un Óscar Puente rebautizado ya por la calle como «Óscar Muerte» tras acumular en nueve meses y medio 120 fallecidos en accidentes no de trenes de chichinabo sino de la joya de la corona, la alta velocidad. Un socialdemócrata de verdad, Felipe González, creó un sistema envidiado en todo el mundo que funcionó a las mil maravillas durante un cuarto de siglo y otro de mentira, Pedro Sánchez, lo ha destruido en ocho. Lo que deliberadamente ocultó Óscar Muerte es que lo que gripó inicialmente es el sistema LZB, que garantizaba una seguridad del 99,999999% en el AVE… hasta que llegó este Ejecutivo atestado de ladrones, criminales, puteros y piernas. A tenor de las palabras del Ministro Muerte pareciera que lo normal es que este mecanismo electrónico falle más que una escopeta de feria: «Se ha caído 170 veces este año». Lo que en el fondo sostiene el hombre que no conjuga el verbo dimitir es que resulta lo más normal del mundo que pueda haber tragedias como la de Urda o como esa otra de Adamuz en la que 46 personas fallecieron porque la vía estaba mal soldada. Siniestro que tampoco permitiremos que caiga en el olvido porque se lo debemos a las 46 víctimas. Se le olvidó apostillar que el LZB no falló el miércoles en un tramito de la vía, sino durante ¡¡¡63 kilómetros!!! Con lo cual el dolo o la culpa del controlador de Atocha, cuya identidad también fue desvelada (Martín), quedan absolutamente capitidisminuidos. Esta gentuza también esconde otro nada insignificante detalle: este pobre hombre no estaba solo en la sala sino acompañado por otros profesionales del gremio, incluidos varios superiores que no pusieron tacha alguna a la decisión de que el AVE avanzase en dirección al Iryo. Por cierto: es sencillamente flipante que un ministro ponga en la diana a un subordinado para salvar su asqueroso y fofo culo. Su nula empatía quedó definitivamente retratada ayer al mofarse de los familiares de los fallecidos: «No sé qué nivel de confort puede darles que yo dimita». Nada comparable en abyección a ese señalamiento del cabeza de turco que se han agenciado por repugnantes motivos electorales. ¿Qué queréis, que Martín se suicide? Lo digo porque no hay cuerpo ni espíritu que aguante que le culpen de la muerte de 70 personas ante 48 millones de compatriotas.
