Pep Guardiola ha cerrado una etapa de diez años en el Manchester City y ha abierto otra mucho más difícil de definir. Por primera vez en mucho tiempo no tiene un banquillo al que acudir cada semana, ni una plantilla que preparar, ni un rival al que estudiar para el domingo. El entrenador que convirtió al City en uno de los grandes equipos de la historia reciente del fútbol ha decidido parar. Puede que ahora haga todo lo que pensó hacer cuando habló con el cocinero Dani García, sobre su futuro, pero también sobre su infancia.. Guardiola, sin banquillo. Durante ese periodo apareció una posibilidad que parecía demasiado tentadora para ignorarla: Italia. La Federación Italiana de Fútbol llegó a negociar con Guardiola para que se hiciera cargo de la selección. La propuesta tenía argumentos suficientes para hacerle dudar. Guardiola conoce bien Italia, mantiene una relación especial con el país y el proyecto consistía en reconstruir una selección que atravesaba una de las mayores crisis de su historia. Paolo Maldini y Leonardo viajaron incluso a Barcelona para presentarle personalmente el proyecto. Guardiola se tomó varios días para estudiar la propuesta, pero finalmente decidió rechazarla. Había una razón por encima de todas: quería descansar y dedicar tiempo a su familia después de los diez años de trabajo en Manchester.. El pasado y el olor de su cocina. Italia terminó recurriendo a Andrea Pirlo, mientras Guardiola mantiene abierta una etapa cuyo siguiente capítulo todavía no está escrito. Su futuro inmediato pasa por el descanso, aunque resulta difícil imaginar que un entrenador de su ambición permanezca demasiado tiempo alejado del fútbol.. Porque Guardiola lleva toda la vida dentro de él. Antes de convertirse en el entrenador que revolucionó el juego, antes de Barcelona, Bayern y Manchester City, fue un niño de Santpedor que creció en una familia con pocos recursos. Nació en 1971 y pasó su infancia en aquel pequeño municipio catalán, en un entorno que él mismo ha definido como más pobre que rico. Y, sin embargo, cuando recuerda aquellos años no habla de carencias, sino de felicidad. Hay una manera especialmente gráfica de entender qué quedó de aquella infancia en Guardiola: la comida. En una conversación con el cocinero David García, el técnico fue preguntado por el olor de la cocina de su infancia. La respuesta le llevó directamente a su abuela y a una manera de cocinar que poco tiene que ver con las cantidades milimetradas de la alta cocina.. La pasta de la abuela. «Recuerdo mucho de mi abuela, que pasó mucha hambre y que no quería que sus nietos pasaran y nos hacía una pasta y nos llenaba», explicó Guardiola. Y estableció inmediatamente la comparación con la cocina contemporánea: «No como ves a Italia y te hacen esa pastita de 20 gramos, perfecto todo el plato, donde hay más plato que pasta». En su recuerdo no había pequeñas raciones ni platos diseñados para ser fotografiados. Había abundancia. Mucha. «Te ponía muchísimo, muchísimo, muchísimo», recordó.. Después aparecieron los otros sabores de aquella casa: los canelones y los caracoles de su madre. La memoria gastronómica de Guardiola no está construida alrededor de la sofisticación, sino alrededor de la cantidad, de la familia y de la necesidad de que nadie se quedara con hambre. Una cocina de supervivencia convertida con los años en memoria afectiva.. La respuesta encaja con la imagen que Guardiola ha construido cuando ha hablado de sus primeros años. Aquel niño de Santpedor creció en un ambiente sencillo y aprendió a disfrutar con poco. Su familia no tenía grandes recursos, pero él ha explicado que no podía haber sido más feliz.. Y quizá ahí esté una parte de la personalidad del entrenador que después se trasladó al fútbol. Guardiola ha sido siempre un hombre obsesionado con los detalles, con las proporciones, con el orden y con la precisión. En su fútbol, cada jugador ocupa un espacio y cada movimiento tiene una intención. En el recuerdo de su abuela ocurre exactamente lo contrario: la medida desaparece. No hay 20 gramos. Hay «muchísimo, muchísimo, muchísimo».. Ahora Guardiola tiene tiempo para volver a esos recuerdos y, sobre todo, para recuperar una vida que durante diez años estuvo sometida al calendario del Manchester City.
Pep Guardiola habló con el chef Dani García sobre sus recuerdos culinarios de su infancia
Pep Guardiola ha cerrado una etapa de diez años en el Manchester City y ha abierto otra mucho más difícil de definir. Por primera vez en mucho tiempo no tiene un banquillo al que acudir cada semana, ni una plantilla que preparar, ni un rival al que estudiar para el domingo. El entrenador que convirtió al City en uno de los grandes equipos de la historia reciente del fútbol ha decidido parar. Puede que ahora haga todo lo que pensó hacer cuando habló con el cocinero Dani García, sobre su futuro, pero también sobre su infancia.. Guardiola, sin banquillo. Durante ese periodo apareció una posibilidad que parecía demasiado tentadora para ignorarla: Italia. La Federación Italiana de Fútbol llegó a negociar con Guardiola para que se hiciera cargo de la selección. La propuesta tenía argumentos suficientes para hacerle dudar. Guardiola conoce bien Italia, mantiene una relación especial con el país y el proyecto consistía en reconstruir una selección que atravesaba una de las mayores crisis de su historia. Paolo Maldini y Leonardo viajaron incluso a Barcelona para presentarle personalmente el proyecto. Guardiola se tomó varios días para estudiar la propuesta, pero finalmente decidió rechazarla. Había una razón por encima de todas: quería descansar y dedicar tiempo a su familia después de los diez años de trabajo en Manchester.. El pasado y el olor de su cocina. Italia terminó recurriendo a Andrea Pirlo, mientras Guardiola mantiene abierta una etapa cuyo siguiente capítulo todavía no está escrito. Su futuro inmediato pasa por el descanso, aunque resulta difícil imaginar que un entrenador de su ambición permanezca demasiado tiempo alejado del fútbol.. Porque Guardiola lleva toda la vida dentro de él. Antes de convertirse en el entrenador que revolucionó el juego, antes de Barcelona, Bayern y Manchester City, fue un niño de Santpedor que creció en una familia con pocos recursos. Nació en 1971 y pasó su infancia en aquel pequeño municipio catalán, en un entorno que él mismo ha definido como más pobre que rico. Y, sin embargo, cuando recuerda aquellos años no habla de carencias, sino de felicidad. Hay una manera especialmente gráfica de entender qué quedó de aquella infancia en Guardiola: la comida. En una conversación con el cocinero David García, el técnico fue preguntado por el olor de la cocina de su infancia. La respuesta le llevó directamente a su abuela y a una manera de cocinar que poco tiene que ver con las cantidades milimetradas de la alta cocina.. La pasta de la abuela. «Recuerdo mucho de mi abuela, que pasó mucha hambre y que no quería que sus nietos pasaran y nos hacía una pasta y nos llenaba», explicó Guardiola. Y estableció inmediatamente la comparación con la cocina contemporánea: «No como ves a Italia y te hacen esa pastita de 20 gramos, perfecto todo el plato, donde hay más plato que pasta». En su recuerdo no había pequeñas raciones ni platos diseñados para ser fotografiados. Había abundancia. Mucha. «Te ponía muchísimo, muchísimo, muchísimo», recordó.. Después aparecieron los otros sabores de aquella casa: los canelones y los caracoles de su madre. La memoria gastronómica de Guardiola no está construida alrededor de la sofisticación, sino alrededor de la cantidad, de la familia y de la necesidad de que nadie se quedara con hambre. Una cocina de supervivencia convertida con los años en memoria afectiva.. La respuesta encaja con la imagen que Guardiola ha construido cuando ha hablado de sus primeros años. Aquel niño de Santpedor creció en un ambiente sencillo y aprendió a disfrutar con poco. Su familia no tenía grandes recursos, pero él ha explicado que no podía haber sido más feliz.. Y quizá ahí esté una parte de la personalidad del entrenador que después se trasladó al fútbol. Guardiola ha sido siempre un hombre obsesionado con los detalles, con las proporciones, con el orden y con la precisión. En su fútbol, cada jugador ocupa un espacio y cada movimiento tiene una intención. En el recuerdo de su abuela ocurre exactamente lo contrario: la medida desaparece. No hay 20 gramos. Hay «muchísimo, muchísimo, muchísimo».. Ahora Guardiola tiene tiempo para volver a esos recuerdos y, sobre todo, para recuperar una vida que durante diez años estuvo sometida al calendario del Manchester City.
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