El chikipark para adultos de la Puerta del Sol es la mejor representación de cómo se han infantilizado las protestas y los protestones. He visto en las guarderías a pequeños que serían más capaces de organizar una asamblea. Había un actor de prestigio contando «Los tres cerditos» y una chica soltando fuego por la boca, tanto era su ardor lingüístico. El programa de actos rebosaba de momentos memorables. Acampada antifascista, protestas por Palestina, clases de yoga… Admiro la capacidad del perriflautismo pijo para hacerse con las posturas de yoga. Fui a una hace unos años y todavía me preguntan las piernas a qué venía esa tortura. Pero lo mejor de todo lo anunciado eran las cartas a Maricarmen. La mujer, ahora que vuelve a casa, no va a tener tiempo de leer tanta poesía social. La última ola en literatura cursi. La generación Chanquete se creyó Julia la pintora. Maricarmen ha tenido más suerte que Colau, que ha cambiado de piso porque no llega a fin de mes. Ganó 100.000 euros al año cuando fue alcaldesa y participó del deterioro del alquiler. Sol es el experimento de la comuna de quien tiene asegurada una casa donde dormir. Un detalle clarificador: la quedada para uno de los actos era «detrás de la estatua del caballo». Si dicen Carlos III, igual desacampan. Con todo, las mejores actuaciones de este parque de bolas son las que ofrecen los ministros de Podemos, sacando pecho de sus propios fracasos. Lo han hecho todo mal y en una exhalación monocorde se caen del guindo y se ponen a la cabeza de la acampada. Hay que practicar mucho yoga para entenderlo, tener una relación directa, epidérmica, divina, sexual, con el ridículo y la demagogia. El decreto Maricarmen hará la puñeta a otras ancianas que ahorraron para tener su pisito, pero estas no recibirán cartas, sino disfraces de buitres. Si Feijóo llega algún día a La Moncloa, verá que sus mayores enemigos no serán las cifras del paro o la inflación, sino estos parques de atracciones improvisados. Le espera la calle del infierno, haga o no haga yoga.
Sol es el experimento de la comuna de quien tiene asegurada una casa donde dormir
El chikipark para adultos de la Puerta del Sol es la mejor representación de cómo se han infantilizado las protestas y los protestones. He visto en las guarderías a pequeños que serían más capaces de organizar una asamblea. Había un actor de prestigio contando «Los tres cerditos» y una chica soltando fuego por la boca, tanto era su ardor lingüístico. El programa de actos rebosaba de momentos memorables. Acampada antifascista, protestas por Palestina, clases de yoga… Admiro la capacidad del perriflautismo pijo para hacerse con las posturas de yoga. Fui a una hace unos años y todavía me preguntan las piernas a qué venía esa tortura. Pero lo mejor de todo lo anunciado eran las cartas a Maricarmen. La mujer, ahora que vuelve a casa, no va a tener tiempo de leer tanta poesía social. La última ola en literatura cursi. La generación Chanquete se creyó Julia la pintora. Maricarmen ha tenido más suerte que Colau, que ha cambiado de piso porque no llega a fin de mes. Ganó 100.000 euros al año cuando fue alcaldesa y participó del deterioro del alquiler. Sol es el experimento de la comuna de quien tiene asegurada una casa donde dormir. Un detalle clarificador: la quedada para uno de los actos era «detrás de la estatua del caballo». Si dicen Carlos III, igual desacampan. Con todo, las mejores actuaciones de este parque de bolas son las que ofrecen los ministros de Podemos, sacando pecho de sus propios fracasos. Lo han hecho todo mal y en una exhalación monocorde se caen del guindo y se ponen a la cabeza de la acampada. Hay que practicar mucho yoga para entenderlo, tener una relación directa, epidérmica, divina, sexual, con el ridículo y la demagogia. El decreto Maricarmen hará la puñeta a otras ancianas que ahorraron para tener su pisito, pero estas no recibirán cartas, sino disfraces de buitres. Si Feijóo llega algún día a La Moncloa, verá que sus mayores enemigos no serán las cifras del paro o la inflación, sino estos parques de atracciones improvisados. Le espera la calle del infierno, haga o no haga yoga.
