Homero (siglo VIII a. C.), en el canto XII de la Odisea, describe el peligroso paso –el estrecho de Mesina– custodiado por los monstruos Escila, de «seis cabezas», y Caribdis, que «tres veces al día vomita las aguas y tres veces las absorbe», que exigen un peaje a quienes pretenden atravesarlo. El episodio es uno de los pasajes más espectaculares de la película «La Odisea», de Christopher Nolan, interesante, pero que no excusa, sino que debería fomentar la lectura de la obra original. El dilema de Ulises –Odiseo– es que debe elegir cerca de quién pasa, porque Escila, con sus seis cabezas, le arrebatará a otros tantos compañeros, pero Caribdis puede tragarse al barco entero y sería la destrucción total. El pasaje homérico subraya una elección trágica entre dos males. El héroe, en una elección tanto moral como práctica, opta por el «mal menor» de Escila, aunque implica el sacrificio de varios amigos, como le había advertido Circe, hechicera, pero también guía, que le indica el camino de regreso a Ítaca y le previene sobre los peligros inevitables que encontrará en su periplo. Pedro Sánchez no es Homero, ni tampoco Ulises, pero también se enfrenta a dilemas o trilemas homéricos, que incluyen sacrificios de colaboradores y más o menos amigos. Ahora mismo, con el paréntesis agosteño en medio, cavila cómo navegar entre sus particulares Escila y Caribdis del momento, Zapatero y Puigdemont, casi siempre Puigdemont. La todavía presunta participación del expresidente en el rescate de Plus Ultra sería, si se demuestra, un torpedo a la línea de flotación del Gobierno sanchista. Zapatero habría hecho una gestión, más que dudosa –la Justicia dictaminará si fue más que eso y todo apunta en ese sentido–, pero quien habría infringido con claridad las normas sería la SEPI, dependiente del Ministerio de Hacienda, que dirigía María Jesús Montero. Es decir, lo del Gobierno sería más grave que lo de Zapatero. Puigdemont, por otra parte, tiene la baza de permitir la aprobación de los Presupuestos y así insuflar aire al Ejecutivo y concederle más y mejor tiempo, a la espera de que escampe. Sánchez, sin embargo, aunque sacrifique a colaboradores y amigos, no puede optar entre dos males ni elegir el menor, como pudo hacer el Ulises de Homero.
«El presidente ante sus Escila y Caribdis no puede elegir el mal menor como Ulises en la Odisea»
Homero (siglo VIII a. C.), en el canto XII de la Odisea, describe el peligroso paso –el estrecho de Mesina– custodiado por los monstruos Escila, de «seis cabezas», y Caribdis, que «tres veces al día vomita las aguas y tres veces las absorbe», que exigen un peaje a quienes pretenden atravesarlo. El episodio es uno de los pasajes más espectaculares de la película «La Odisea», de Christopher Nolan, interesante, pero que no excusa, sino que debería fomentar la lectura de la obra original. El dilema de Ulises –Odiseo– es que debe elegir cerca de quién pasa, porque Escila, con sus seis cabezas, le arrebatará a otros tantos compañeros, pero Caribdis puede tragarse al barco entero y sería la destrucción total. El pasaje homérico subraya una elección trágica entre dos males. El héroe, en una elección tanto moral como práctica, opta por el «mal menor» de Escila, aunque implica el sacrificio de varios amigos, como le había advertido Circe, hechicera, pero también guía, que le indica el camino de regreso a Ítaca y le previene sobre los peligros inevitables que encontrará en su periplo.Pedro Sánchez no es Homero, ni tampoco Ulises, pero también se enfrenta a dilemas o trilemas homéricos, que incluyen sacrificios de colaboradores y más o menos amigos. Ahora mismo, con el paréntesis agosteño en medio, cavila cómo navegar entre sus particulares Escila y Caribdis del momento, Zapatero y Puigdemont, casi siempre Puigdemont. La todavía presunta participación del expresidente en el rescate de Plus Ultra sería, si se demuestra, un torpedo a la línea de flotación del Gobierno sanchista. Zapatero habría hecho una gestión, más que dudosa –la Justicia dictaminará si fue más que eso y todo apunta en ese sentido–, pero quien habría infringido con claridad las normas sería la SEPI, dependiente del Ministerio de Hacienda, que dirigía María Jesús Montero. Es decir, lo del Gobierno sería más grave que lo de Zapatero. Puigdemont, por otra parte, tiene la baza de permitir la aprobación de los Presupuestos y así insuflar aire al Ejecutivo y concederle más y mejor tiempo, a la espera de que escampe. Sánchez, sin embargo, aunque sacrifique a colaboradores y amigos, no puede optar entre dos males ni elegir el menor, como pudo hacer el Ulises de Homero.
