Un albur, uno de los peces más característicos del Guadalquivir y su estuario, hecho con retales de tela de unos 10 metros de largo ha encabezado la multitudinaria manifestación para alertar sobre la contaminación en el principal río de Andalucía provocada por los vertidos que se derivarán con la reapertura de las minas de Aznalcóllar y la de Cobre Las Cruces, que se suman a la presencia actual de metales en las escombreras, causada por las explotaciones anteriores. Los impulsores de la marcha, la Plataforma Salvemos el Guadalquivir, Greenpeace y Ecologistas en Acción, llevan años advirtiendo de los problemas que estos vertidos mineros ocasionarán para la salud pública, el ecosistema, la agricultura, la pesca y la economía tradicional de la ribera y la desembocadura, esgrimiendo distintos estudios científicos de las universidades de Sevilla, Granada y Cádiz y han conseguido que se adhieran organizaciones agrarias como COAG, cofradías de pescadores, como la de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), y hasta una decena de alcaldes, que también se han sumado a la convocatoria, junto a otras 70 organizaciones civiles. Pero necesitan que la ciudadanía tome conciencia para presionar a la Junta de Andalucía, la administración que ha otorgado las licencias, para que adopte sus dos principales reclamaciones: una moratoria de los vertidos y la creación de una comisión de expertos independientes que estudie la situación de las aguas del Guadalquivir y las consecuencias de los dos nuevos proyectos de minería.. Seguir leyendo
Los ciudadanos se suman a la advertencia de científicos, ecologistas, alcaldes y organizaciones agrícolas y pesqueras sobre el peligro de los vertidos mineros autorizados por la Junta
Un albur, uno de los peces más característicos del Guadalquivir y su estuario, hecho con retales de tela de unos 10 metros de largo ha encabezado la multitudinaria manifestación para alertar sobre la contaminación en el principal río de Andalucía provocada por los vertidos que se derivarán con la reapertura de las minas de Aznalcóllar y la de Cobre Las Cruces, que se suman a la presencia actual de metales en las escombreras, causada por las explotaciones anteriores. Los impulsores de la marcha, la Plataforma Salvemos el Guadalquivir, Greenpeace y Ecologistas en Acción, llevan años advirtiendo de los problemas que estos vertidos mineros ocasionarán para la salud pública, el ecosistema, la agricultura, la pesca y la economía tradicional de la ribera y la desembocadura, esgrimiendo distintos estudios científicos de las universidades de Sevilla, Granada y Cádiz y han conseguido que se adhieran organizaciones agrarias como COAG, cofradías de pescadores, como la de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), y hasta una decena de alcaldes, que también se han sumado a la convocatoria, junto a otras 70 organizaciones civiles. Pero necesitan que la ciudadanía tome conciencia para presionar a la Junta de Andalucía, la administración que ha otorgado las licencias, para que adopte sus dos principales reclamaciones: una moratoria de los vertidos y la creación de una comisión de expertos independientes que estudie la situación de las aguas del Guadalquivir y las consecuencias de los dos nuevos proyectos de minería.. “Esta manifestación tiene dos objetivos: divulgar el problema, darlo a conocer, porque hay todavía mucha gente que no está al tanto de las amenazas que enfrentará el río Guadalquivir cuando se reabran las minas y pedir otra vez a la Junta, que ya lo hemos hecho varias veces, pero esta vez de manera multitudinaria que nos escuche, que los proyectos mineros no está bien estudiado y que tiene que decretar una moratoria de los vertidos mineros, que no se produzcan nuevos vertidos hasta que no se haya estudiado el momento actual”, explica la bióloga Antonia Herrero, presidenta de la plataforma. Un millar de personas, de acuerdo con la Policía -3.000 según los organizadores, han secundado esas reivindicaciones.“Lo que queremos es que el río no se envenene, que el río siga sano para que se puedan desarrollar todas las actividades que venimos desarrollando desde hace un año”.. Científicos y organizaciones ecologistas cuestionan las licencias otorgadas por la Junta, firme defensora de unos proyectos que va en línea con la estrategia de reforzar el liderazgo de la comunidad en el sector de la minería. Advierten de que el caudal de aguas con metales pesados que ha tenido el río Guadalquivir junto a la capital andaluza se verá multiplicado por 10 en los próximos años, ya que tanto Cobre Las Cruces como Aznalcóllar reabrirán sus explotaciones con los nuevos permisos: a los 12.150 millones de litros vertidos por Cobre Las Cruces durante 15 años se le sumarán otro vertido de la misma minera, que prevé arrojar 39.780 millones de litros en su nueva explotación; y la mina de Aznalcóllar, que mediante una tubería de 30 kilómetros que muere a la altura de Sevilla verterá 85.520 millones de litros a partir de 2028 y durante 17 años. En total, 125.300 millones de litros durante las próximas dos décadas. “Si el agua está tan limpia, ¿para qué construyes una tubería de 30 kilómetros desde Aznalcóllar hasta el estuario del Guadalquivir? Si el agua está tan limpia, pues úsala y llévala allí para que la usen directamente en el territorio”, se pregunta con ironía, Isidoro Albarreal, portavoz de Ecologistas en Acción.. El último estudio científico que advierte sobre la presencia de metales tóxicos en el Guadalquivir acaba de ser recientemente actualizado. Uno de sus cuatro autores, el catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla, Jesús Castillo, también ha participado en la manifestación. “Las principales conclusiones son que el estuario interior del Guadalquivir es una trampa de metales, de manera que los metales se unen a partículas, van al fondo y desde el fondo están contaminando a los seres vivos que viven allí y cuando llueve mucho, los metales son arrastrados con los sedimentos aguas abajo. Ya están contaminados los peces en el estuario interior, pero están empezando a contaminar la desembocadura”, explica Castillo. En su estudio se advierte, por ejemplo, de que los albures que habitan el Guadalquivir en la zona cercana al vertido de aguas de la minera Cobre Las Cruces, a escasos tres kilómetros de Sevilla aguas arriba, están contaminados con plomo, selenio, zinc, cromo y manganeso.. La Junta de Andalucía y las empresas mineras señaladas defienden la seguridad de los proyectos, “cumplen con la norma europea que obliga a analizar el mercurio en peces”, que sus planes de vigilancia ambiental son “rigurosos con mediciones periódicas realizadas por entidades independientes y supervisadas por la Administración” y sostienen que las acusaciones de la plataforma y los ecologistas “carecen de rigor científico y son alarmistas”. La minera Las Cruces también aporta un informe elaborado por la Asociación de Investigación y Cooperación Industrial de Andalucía y el Departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la US, encargado por la multinacional, donde se limita al 4,3% la incidencia de la actividad minera sobre el estuario. “Pensamos que los informes que han manejado la Junta no obedecen a la realidad, por pedimos que se nombre un comité científico-técnico de expertos independientes que analicen en profundidad la realidad”, señala Herrero.. Manifestación contra los vertidos mineros en el Guadalquivir, este sábado en Sevilla.David Arjona (EFE). En juego, como advierten los representantes municipales de las 10 localidades que han convocado la marcha, Chipiona, Sanlúcar de Barrameda, Trebujena, Lebrija, Marismillas, Las Cabezas de San Juan, Los Palacios y Villafranca y Coria del Río, que aglutinan a unos 215.000 habitantes, está la subsistencia de un modelo de vida y una economía tradicional, amenazada por la contaminación. “El estuario estaba ahí antes que nosotros. En el fondo de todo está la vida, la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas que vivimos en ese entorno. Tenemos una deuda pendiente también con ese estuario, en su conservación”, advierte Modesto González (Andalucía por Sí), alcalde de Coria (31.292 habitantes).. Su homólogo en Chipiona (Cádiz, 20.078 habitantes), Luis Mario Aparcero (Unidos por Chipiona), sabe lo que implica para la economía de un municipio un desastre ecológico. “Ya lo vivimos y sufrimos con el Guadiamar y el embalse de Boliden”, señala el regidor en referencia al desastre de Aznalcóllar de 1998, cuando la rotura del muro de contención de esa balsa de lodos mineros vertieron 5,5 millones de metros cúbicos de lodos tóxicos y cerca de 1,9 millones de metros cúbicos de aguas ácidas cargadas de metales pesados sobre el cauce del río Guadiamar. “Mis corrales de pesca y mi zona pesquera se contaminó.Estamos viendo cómo la US nos aporta unos datos de peligro sobre nuestras galeras, nuestros peces, nuestro turismo, nuestras playas y nuestras costas”, abunda. Su vecina, María Caro, presente en la marcha, también tiene muy claras las consecuencias. “Es problema es real. Los vertidos se cargan el ecosistema, y con él la economía, la pesca, porque van a prohibir la galera, la agricultura, el turismo, el futuro…”, señala.. “Esto no es un conflicto entre los patos de Doñana y los puestos de trabajo de la mina. Esto es un conflicto entre decenas de miles de puestos de trabajo relacionados con un río saludable, la salud ambiental y la salud pública, frente a unos pocos empleos que crean las minas y solo para 20 años y el resto”, ahonda Castillo. Una reflexión que vivió de primera mano Alba Cintado, de 35 años, que vivía en Aznalcóllar cuando se desbordó la balsa. “El sufrimiento entonces fue tremendo, ahora se va a reabrir y esto solo va a servir para dar puestos de trabajo para unas décadas, a cambio se tener una contaminación de por vida”, se lamenta.. El albur de tela continúa serpenteando por las calles de Sevilla, desde el Palacio de San Telmo, rumbo a Las Setas. La pesca de este ejemplar también se está prohibiendo por la contaminación. “S la solución que nos da es prohibir la pesca, estamos sacrificando el río a los intereses de un solo sector”, advierte Herrero. “Nuestro albur se llama Alburrido, porque está aburrido de que no paremos de advertir sobre los riesgos del río y no nos hagan caso, esperemos que con la suma de los ciudadanos, nos tengan un poco en cuenta”, Estamos ya sacrificando el río a la mayoría.
